Mi mente va a mil por hora en este instante, no puedo controlar mis pensamientos. Pienso en una razón por la cual Harry es así pero en seguida se me viene otra idea a la mente, totalmente diferente a la primera, pero también posible. Y esto se repite una y otra vez en mi. Me tapo la cara con las manos y me tumbo en el sofá boca arriba. Tengo que encontrar una maldita solución a todo esto, necesito ordenar mis ideas... ¿Pero cómo? ¿Por dónde empiezo? ¿Por la primera vez que le vi? Recuerdo como el corazón se me aceleró con tan solo el sonido de su ronca y excitante voz, recuerdo como me cortó la respiración cuando me miró a los ojos la primera vez. «¡Espera!» Pensé sentándome rápidamente. Vino a mi mente un flashback de aquella noche: Sus ojos recorriendo mi ser de arriba bajo, ojos asustados. Si, pude ver miedo en sus ojos cuando me miraba, cosa no muy normal ya que no le conocía de nada para que pudiera juzgarme de esa forma ¿Eso quería decir que él ya me conocía de antes? Pero yo a él no. Me levanté del sofá y caminé hacia el ventanal abierto para cerrarlo, aún seguía lloviendo, pero desde hace un par de minutos aumentó la fuerza con la que las gotas caían dentro de mi estudio.
Estar sola no era una ayuda para el gran lío que se amontonaba en mi cabeza, estaba cansada de sentirme perdida.
Después de un largo tiempo pintando en mi estudio decidí salir de ahí e irme a casa, quizás si mantenía un tiempo de interacción con alguien me despejaría. Volví a mi coche y cuando intenté arrancar el motor, lo único que hacía este, era calarse después de unos segundos de dura vibración. Maldije en voz alta ¿Es que el karma la tenía cogida conmigo o qué? Resople y me hundí en mi asiento mientras que llamaba a Parker, mi amigo mecánico quien justamente me regalo este coche.
- ¿Diga? - Habló por la otra línea.
- ¿Parker? - Pregunté.
- Ey Sami - Vaciló.
¿Había oído mal o me había dicho ''Sami''?
- No me vuelvas a llamar de esa forma, Parker - Protesté muy seria.
- ¿Qué pasa? ¿Estas en esos días? - Volvió a bromear.
Se estaba ganando a pulso un buen puñetazo en toda su boca.
- ¿Por qué todos sois igual de gilipollas?
- Los gilipollas somos los más irresistibles.
- Y los más irritantes - Cambié de tema -. Parker, no se lo que le pasa a este coche que no arranca.
- ¿Has probado a meter las llaves y a hacerlas girar? - Bromeó.
Me reí sarcásticamente.
- Mis ganas de partirte la boca van en aumento - Protesté.
- Lo ves, somos irresistibles.
Suspiré mientras que ponía los ojos en blanco ¿Cómo se podía ser tan idiota?
- Vale, voy para allá - Habló divertido.
Colgué el teléfono y lo tiré hacia el asiento de al lado haciéndolo rebotar. Incliné mi cabeza hacia el techo blanco del coche y cerré mis ojos ¿Que podía hacer si no?
Sabía que pronto iba a oscurecer o quizás ya estaba oscureciendo. Bajé mi vista hacia mi ventanilla y observé el banco de nubes negras amontonadas en el horizonte, por encima de aquellas montañas lejanas, la tormenta había dado un pequeño descanso a la ciudad, para luego más tarde volver con más. Esto me preocupó mucho, ya que como Parker no viniera pronto me iba a tener que quedar aquí con el temporal y la verdad es que me asustaba tener que hacerlo. Intenté poner la radio para distraerme un poco, pero solo se escuchaban interferencias, quizás la señal no llegase bien. Apagué la radio, salí del coche y me apoyé en la puerta con las manos cruzadas, esperando al dichoso Parker ¿Por qué no venía ya? Observaba como las familias corrían apresuradas a sus coches para alejarse del temporal, ojalá ya pudiera hacer lo mismo.
- ¿Por qué siempre tienes que estar en los lugares menos adecuados?
Maldita sea, otra voz vuelvo a sentir ese calambre en mi pecho, su voz, su ronca y hermosa voz. Me giré para ver como cruzaba por delante del capó del coche hacia mi. Por favor ¿Cómo puede verse alguien humano tan bien como se veía él? Tenía una vestimenta distinta a la de esta mañana: Una camisa blanca que le quedaba holgada por el cuello, dejando ver una cadena y sus tatuajes cuales aun no sabría descifrar muy bien que son, llevaba también una chaqueta y pantalones negros ceñidos que marcaban su figura deseable y sexy, pero algo me desconcertaba ¿Por qué tenía gafas de sol si estaba nublado? Se paró delante de mi, alargó un brazo hacia el techo del coche y yo apoyó en él. Joder, y volvía a, me confunde ¿Por qué está aquí? ¿Por qué hace estas cosas? Está jugando conmigo, de eso estoy segura, pero soy como una ficha manejable en su juego, manejable a su antojo.
- ¿Me vas a responder? - Movió los labios y susurró.
Me encantaba la distancia que había entre nosotros, aquella distancia casi nula. Sus gafas de sol eran completamente oscuras, no atravesaba ninguna luz, no podía mirar a aquellos ojos verdes y yo me moría por hacerlo.
- Suelo venir aquí - Respondí como pude.
Estaba inmóvil ante su imponente figura acorralándome en la puerta de mi coche.
- ¿Y-y tu? - Pregunté -. ¿Qué haces aquí?
Movió sus dedos en el coche haciendo resonar su anillo en la puerta.
- Deberías irte a casa, Samantha - Quitó su mano del coche y se retiró unos centímetros de mi.
Cogí su mano antes si quiera de que llegase a guardársela en sus pantalones y tiré de ella hacia mi, él apenas se movió del sitio, pero fui ágil y me puse enfrente de él. Me miró con el ceño fruncido por encima de sus gafas, muy confuso ya que no se esperaba mi reacción.
- Harry, quiero hablar contigo - Era ahora o nunca.
- No tenemos nada que hablar - Protesto.
- Si Harry, tenemos mucho de lo que hablar - Contesté enfadada y apretando su mano, tenía miedo de que la apartara de la mía.
Sentía su roce en la palma de mi mano, su tacto me proporcionaba un hormigueo que se expandía por toda ella, un intenso hormigueo de placer. Es curioso como una persona puede provocar que el corazón se te acelere con solo tocarte, tan solo con rozarte. Y el único que me provocaba esto era él.
- ¿Que quieres saber? - Habló mirando hacia otro lado.
Cuando hizo ese movimiento observé una especie de cicatriz justo debajo de su ojo derecho. Me asusté mucho ya que esa cicatriz no la tenía esta mañana cuando fui a verle ¿Sería ese el motivo por el cual llevaba gafas en un día nublado? Tiene que ser eso.
- Harry - Susurré preocupada -. ¿Qué te ha pasado?
Suspiró volviendo la vista hacia mi.
- Eres demasiado metomentodo ¿No crees Samantha? - Se pasó su mano libre por su tupé para peinarlo descuidadamente, acto que me pareció demasiado sexy.
- Deja de ser tan imbécil y dímelo.
Soltó mi mano de mala gana, casi haciéndome daño por el brusco tirón. Pero eso no impidió que me alejara de él.
- Tan solo quiero respuestas.
- ¿A qué? Mantente alejada de mi, eso es lo único que te debe interesar - Habló mientras se alejaba de mi.
No podía irse, ahora no, así que sin pensarlo corrí detrás de él y le empujé desesperadamente contra la puerta de mi coche, él se quedó tan sorprendido como yo ¿De dónde había sacado tanta fuerza?
- ¿Que te hice yo Harry? - Pregunté totalmente desarmada -. ¿Por qué me tratas así?
Y aquí salía de nuevo mi furia, yo no era la niña inocente que todos creían, yo no era débil. Ya estaba verdaderamente cansada de todo este juego ya que no tengo paciencia, así que quería una respuesta, con tan solo una me conformaría.
Harry no hablaba ¿Qué pasaba?
Mi cabeza inclinada hacia la suya deseaba besar aquellos rojos labios entreabiertos cuales estaban próximos a mi frente. Ese tupé, esas gafas negras, esos labios rojizos, ese cuello, ese pecho lleno de tatuajes que ahora que estoy cerca puedo decir que parecen alas ¿Quizás de pájaros? La visión de aquellos tatuajes se terminaba por culpa de la camisa blanca.
- Harry, por favor - Hablé en apenas un susurro desesperado, aumentando la presión en el agarre de la chaqueta.
Noté como su brazo derecho cogió mi cintura, levantándome del suelo, dí un grito ahogado cuando me cogió con tan solo una mano, se dio la vuelta, abrió la puerta del coche para meternos dentro. Tenía la respiración aumentada por sus rudos actos, eso y que me había puesto encima de su regazo de cara a él. Podía notar como mi boca empezaba a secarse, como un rubor se expandía por mis mejillas y como las ganas de besarle superaban a cualquier otro pensamiento. Su pecho subía y bajaba duramente, mis manos alojadas aun en él podían sentir el duro bombardeo de su corazón expandirse en ellas. Harry alzó su mano derecha hacia sus gafas y las sacó de su cara, dejando a la vista sus grandes ojos verdes y su nueva cicatriz.
- ¿Qué te ha pasado? - Alcé mis manos hacia su cara y las retuve en su mandíbula para alzarla.
- Un golpe - Quiso evadir el tema mientras me dejaba inspeccionar su cara para comprobar si tenía otras marcas, pero gracias a dios que solo tenía esa.
- ¿Un golpe? ¿Un golpe con qué?
- Samantha - Quiso que dejara de preguntar, pero yo ignoré su súplica.
- ¿Cómo te lo hiciste?
Suspiró reclinando la cabeza hacia atrás, creo que empezaba a darse cuenta de mi carácter ansioso por saber la razón de las cosas.
- Digamos que estaba con la cabeza en otra parte - Comentó Harry.
Me aguanté con esa pregunta, tampoco quería agotar su paciencia. Nos quedamos por unos minutos sumidos en el silencio del coche, las luces estaban apagadas, ya casi había anochecido, lo que provocaba que la oscuridad abarcara todo el espacio interno de mi coche, pero aun así podía verle.
- ¿Harry? - Pregunté bajando mis manos desde su cuello hacia su pecho.
Un gemido salió de su garganta, dándome pie a que continuase.
- ¿Te hice algo?
Él se incorporó mirándome aturdido.
- ¿Por qué me tratas así?
Tragó saliva notablemente. Volví a sentir como respiraba con dificultad ¿Pero por qué le ponía tan nervioso ese tema? Yo tan solo quería una respuesta.
Me perdí en el verde de sus ojos, siento que me puede hipnotizar con tan solo una mirada. Lentamente subí mis manos hacia su cuello y las crucé detrás de él, sintiendo como sus rizos hacían cosquillas en mis nudillos. Me subí más cerca de su cintura, quería tenerle tan cerca como pudiera. Noté como sus manos se apoderaban de mi baja espalda y presionaban en ella. El calor en el ambiente era causado por la desesperación de besarle, al que se le unía un pesado nudo en mi pecho, volvía a estar atrapada en su burbuja. Y no supe de que modo ni de qué manera, pero sin pensarlo presioné mis labios en los suyos para recibir de él un beso apasionado. Sus labios se abrían haciendo que los míos sugieran su rastro, los dos luchábamos por conseguir aire sin apartarnos el uno del otro. Su lengua rozó mis labios excitandome. Subí mis manos por su pelo y enredé mis dedos en sus rizos, tirando levemente de ellos mientras que Harry dejaba besos duros y húmedos por todo mi cuello, provocandome pequeños gemidos que se escapaban de mi boca entreabierta de placer. Volví a capturar sus deseables labios, con cada uno de sus besos hacía que mi nudo alojado en el pecho mandara unos intensos escalofríos de placer por todo mi ser. Pero de repente paró dejándome muy confusa y aturdida por no sentir el roce de sus labios.
- Samantha, no - Se pasó sus grandes manos por su cara.
- ¿Que pasa? - Pregunté volviendo a coger aire.
Me quité de su regazo, algo de lo que me arrepentí segundos mas tarde cuando vi como abría la puerta del coche y salía. Sentí un miedo enorme, otra vez no.
- ¡Harry! - Grité mientras salía de mi coche hacía él.
- ¡Samantha, para! - Me respondió de mala manera, asustándome -. Esto no debió pasar, no - Le veía casi destrozado.
- ¿¡Qué!? ¿¡Por qué!? - Hace cinco segundos sentía como rozaba el cielo con las yemas de los dedos, sus labios eran lo mejor que había experimentado en mi vida, disfruté y supe que él también lo hizo, sus besos lo demostraron ¿Entonces por qué siempre lo arruinaba todo?
- ¡Eh, eh, chicos! ¿¡Qué pasa!? - Parker apareció por detrás.
Harry se dio la vuelta hacia él.
- Parker, llévala a casa - Habló seriamente Harry.
- Claro, no te preocupes Harry - Dijo Parker.
¿Acaso se conocían? Por como Harry habló y por como Parker respondió supe que así era. Cuando me di la vuelta para volver a mirar a Harry ya había empezado a andar hacia su coche, lejos de nosotros, quise seguirlo pero Parker me agarró de la mano inmovilizandome en el sitio.
- ¡Parker, déjame! - Tiré de mi brazo para quitar su mano, pero no pude -. ¡Quiero ir con él! - Dije desesperadamente.
- Sam, déjalo de verdad, es mejor, vayámonos.
- ¡No! - Seguí con mi intento de liberarme de él, un intento fallido.
- Sam, no lo hagas más difícil - Me agarró de mi otro brazo y me condujo hacia su coche.
Y me rendí de mala gana. Mientras que Parker me llevaba hacia su coche miré hacia atrás buscando a Harry entre los coches, pero ya no estaba, o eso fue lo que yo pensaba.
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One Direction Novelas
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Espero que os guste:
martes, 10 de septiembre de 2013
domingo, 8 de septiembre de 2013
Forbidden - Capítulo 3
Durante todo el camino a casa estuve dándole vueltas a la cabeza ¿Qué podía haber hecho yo para que Harry me tratase así? Es decir, jamás me he cruzado con él, ya que creo que si lo hubiera hecho, lo hubiera recordado a la perfección, ignorar a ese hombre me sería demasiado difícil. Entonces ¿Por qué? ¿Qué le pasa conmigo? ¿Por qué me odia tanto? Y ¿Por qué dice que le deje en paz y después me toca como si no quisiera verme marchar? Yo lo pude sentir, su dura caricia aún seguía caliente en mi blanca piel, aun podía imaginar la sensación de sus dedos clavándose en mi duramente y arrastrándose por mi ser hasta mi vientre, juro que pude vislumbrar en sus ojos un deseo, una desesperación... ¿Por no querer soltarme, quizás? No lo sé. Di un fuerte golpe a la parte superior del volante, estoy demasiado frustrada, enfadada y perdida.
Intento relajarme, cojo aire y lo suelto lentamente. ¿Qué podía hacer? ¿Quedarme dándole vueltas al asunto? No, ya que si seguía pensando en él, me iba a volver loca. Así que viré mi coche hacia una carretera polvorienta, cual me llevaba a mi estudio, justo al lado del lago Doonen. Dejé mi coche en el aparcamiento del lago cual en realidad no era un verdadero aparcamiento, pero había cogido esa fama ya que todos aparcaban el coche en este descampado.
Olía a tierra mojada, el cielo cubierto de nubes delataba el por qué. En días así me encantaba ir a mi estudio y pintar, era cuando más inspirada podía llegar a sentirme, claramente, para mi no hay nada mejor que oír una tormenta mientras pintaba. Metí la llave en la cerradura de la puerta y me percaté de que el seguro no estaba echado, eso solo podía significar una cosa, Megan, mi mejor amiga, andaba por aquí.
- ¿Megan? - Grité cerrando la puerta.
No tuve una respuesta así que decidí ir a inspeccionar mi estudio. Paredes altas y blancas, techos descubiertos dejando ver las vigas de madera cuales soportaban el peso, la estancia era muy grande, ya que no tenía apenas pareces por mi pequeña obsesión de querer un lugar amplio donde poder sentirme libre y no agobiada.
- ¿Sabes? Deberías pintarme algún día - Vi a Megan observando uno de mis cuadros terminados apoyados en la pared a ras del suelo.
Su melena rubia caía hacia los lados de sus hombros dejando ver un pequeño y nuevo tatuaje cual no supe descifrar su significado en el momento. Corrí hacia ella y la abracé tan fuerte como pude, hacía mucho que no la veía. Me separé de su abrazo y la miré a aquellos ojos cristalinos.
- ¿Sobre ti? - Me reí caminando hacia una pequeña mesa para soltar mi bolso.
- Puedes pintarme desnuda, así las generaciones siguientes podrán saber lo realmente buena que estuve.
Mis carcajadas resonaron por todo el lugar.
- ¿Y que obtendría yo a cambio?
Se giró hacia mi.
- ¿Qué hay mejor recompensa que verme desnuda?
- Eres tonta, Megan - Me reí de nuevo.
Nos dirigimos a unos sofás que había en frente del gran ventanal tintado de colores, me encantaba este sitio, muchas tardes habría esas ventanas cuales llegaban hasta el suelo y me sentaba en él mirando fijamente el lago al atardecer, podría quedarme ahí para siempre, en esos momento no sentía nada más que tranquilidad.
- ¿Y que estas haciendo en la ciudad? - Pregunté.
Megan había decidido darse un tiempo sabático, era la persona más libre a nivel mental que conocía, ella sola se ponía sus reglas, ella sola se ponía sus límites, para mi, era alguien digno de admirar.
- No sé, me aburrió ese estilo de vida - Se quitó su chaqueta de cuero negra y la tiró al otro sofá, fallando en el tiro y dejándola caer sobre el suelo, sabía que no iba a levantarse a por ella para dejarla de nuevo en su sitio y claramente, no lo hizo.
- ¿Te vas a quedar? - Pregunté ilusionada.
- Posiblemente.
Me ilusioné mucho al recibir esa respuesta, tanto que la abracé y nos caímos hacia atrás en el sofá.
- Cariño, si quieres sexo no hace falta que me mandes indirectas - Habló sin vergüenza.
Me reí de su comentario y me volví a acomodar en el sofá, como antes.
- Bueno, cuéntame cosas sobre tu viaje.
- Sabes que no me gusta hablar de mis historias, me aburren - Se estiró en el sofá y puso sus pies encima de mis piernas cruzadas -. Prefiero hablar de ti.
- ¿De mi? ¿Que quieres saber? - Le pregunté.
- No lo sé Sam, por eso pregunto ¿No tienes nada que contarme?
¿Que si tenía algo que contarle? Deseaba contarle lo muy dolida y confusa que estoy por él... ¿Pero por dónde empezar? Pensará que soy una loca si le digo que no puedo dejar de pensar en un hombre al cual solo he visto dos veces.
- ¿Sam? ¿Samantha? - Me dio con sus pies para hacerme volver al mundo real.
- Eh ¿Qué?
- ¿Y esa cara de frigida que has puesto? - Preguntó.
Me reí de nuevo, pero no tanto como la última vez ya que seguía pensando el Harry.
- ¿Que te pasa Sam? - Volvió a preguntar más seria.
No sabía por donde empezar.
- ¿C-conoces a Harry... Harry Styles? - Pregunté.
Frunció el ceño mirándome atentamente mientras que se incorporaba en el sofá.
- ¿Que pasa con ese? - Me dijo Megan.
Pareció que de un momento a otro sus sentidos se habían puesto en alerta.
- Bu-bueno, pues, mis padres y los suyos se reunieron y le he conocido... pero - Suspiré -. No lo sé, no quiero hablar de él - Negué con la cabeza.
Me observó durante unos segundos con el ceño fruncido.
- ¿Seguro que no quieres hablar de él? - Preguntó seria, a sabiendas de que si quería.
- No, no quiero, me da igual - Mentí.
- Puedo decirte que folla de puta madre - Dijo de repente.
¿Qué? Me quedé en shock ¿Había escuchado bien? ¿Estaba diciendo lo que yo creo que he escuchado? De un momento a otro me levanté furiosa empujando sus pies para quitarlos de mis rodillas. Mi corazón empezaba a acelerarse dolorosamente en mi pecho ¿Cómo podía haberse acostado con él? No, ella no, mi mejor amiga no ¿Por qué? Ahora mismo no se que hacer salvo dar marcha atrás a cada paso que ella da hacia mi.
- Ni te acerques - Grité enfadada.
- Sam, Sam, escúchame - Alzó una mano hacia mi.
Sentía asco, dolor, histeria, no podía mirarla a la cara. Ni si quiera yo era consciente de como me estaba llegando a afectar el saber que Harry se había acostado con otra persona y que esa persona fuese mi mejor amiga.
- ¡Megan, vete, joder! - Impuse.
Puso sus manos sobre mis hombros y me miró intensamente a los ojos, recordándome a Harry.
- ¿Has olvidado que soy lesbiana? - Comentó -. ¿Que no puedo ver a Harry de otra forma que no sea más que para aumentar mi odio hacia el lado masculino?
Me quedé en blanco ante sus palabras. Parpadeé unas cuantas veces antes de si quiera poder articular palabra alguna. La manera en la que me había puesto en apenas segundos era algo insólito en mi, ni si quiera reaccioné de la manera adecuada, fui como un petardo al que se le prende la mecha y explota ante ti sin que te de tiempo a huir. Escapé de su agarre y de nuevo me volví a sentar en el sofá, en silencio durante un tiempo, tan solo con el sonido de las gotas de agua chocar contra mi ventana. Me tapé la cara con las manos y me agaché hasta poner mis codos en las rodillas, realmente sentía que mi reacción fue de locos.
- ¿Estas bien? - Me preguntó Megan.
Respiré profundamente, tomándome mi tiempo necesario para contestar correctamente a dicha pregunta.
- No, Megan, no lo estoy - Suspiré levantado la cabeza.
Se sentó a mi lado y me abrazó.
- Lo siento, Sam - Se disculpó.
Negué con la cabeza. De cierta forma no estaba enfadada con ella, un poco si, pero con quien estaba enfadada de verdad era conmigo misma ¿Por qué me puse así?
- ¿Por qué lo has hecho? - Murmuré.
- Porque quería saber hasta que punto, Harry, te daba igual.
Mis ojos se movieron más allá de la gran ventana, fijando mi vista en el lago salpicado por gotas. Era curioso como todo me recordaba a Harry.
- ¿Y como fue el experimento? ¿Querías valorar lo loca que me puedo llegar a poner? - Vacilé.
- Sam - Me dedicó su tono serio -. Escúchame, él no es tu tipo.
Giré mi cabeza hacia ella ¿Qué él no es mi tipo? ¿Como sabía eso ella?
- ¿Cómo puedes saber eso? ¿Acaso sabes algo de Harry que yo no sepa? - Pregunté.
Suspiró soltándome para reclinarse en el sofá.
- Claro que sé acerca de Harry, por eso te digo que no es tu tipo.
Di un grito ahogado de sorpresa mientras que me levantaba de mi asiento.
- ¿Y cómo es Harry entonces? ¿Por qué no es mi tipo? - Protesté.
- Sam - Volvió a su tono de regaño.
Ya volvía a prender la mecha del petardo, pero me controlé.
- Megan, estoy perdida - Confesé -. Estoy asustada, tan solo le conozco de dos días pero me siento como si le conociera de toda la vida. Me comporto como una desquiciada, pero es que quiero saber el por qué me tiene tanto recelo, quiero saber por qué no me deja acercarme a él y quiero saber por qué siento como algo me atrae hacia él, porque es fuerte esa atracción.
- No eres la primera a la que le pasa - Pensó en voz alta.
Arrugué mi entrecejo. Vi como se ponía tensa en apenas segundos después de su comentario en voz alta. Me acerqué a ella a paso lento, ¿Qué pasaba?
- ¿No soy la primera a la que le pasa? - Pregunté muy confusa.
- A-ah, Samantha, yo no... no voy a ser yo quien hable de la vida de los demás - Se levantó y fue a por su chaqueta tirada en el suelo a paso ligero.
La cogí de la muñeca y le obligué a mirarme parándola en el sitio.
- No me puedes dejar así.
- Samantha, soy fiel a mis principios, lo sabes. No diré nada - Soltó mi agarre.
Caminó rápidamente hacia la puerta, dejándome más perdida de lo que ya estaba. Antes de coger el pomo se giró hacia mi y me miró.
- Prométeme una cosa - Dijo ella.
La miré totalmente desarmada, esperando su comentario.
- Prométeme que no vas a acercarte más a él, por favor - Quizás ella ya supiera mi respuesta, pero lo quiso intentar.
Suspiré y le miré, sin darle respuesta alguna, dejándola marchar. Ahora estaba mucho más perdida que antes. ¿Que pasaba con Harry? Quería respuestas y sabía que las tendría que buscar por mi misma. Quiero saber lo que me ocultan sobre él y aunque me cueste sudor y lágrimas, estaré dispuesta a averiguarlo.
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Intento relajarme, cojo aire y lo suelto lentamente. ¿Qué podía hacer? ¿Quedarme dándole vueltas al asunto? No, ya que si seguía pensando en él, me iba a volver loca. Así que viré mi coche hacia una carretera polvorienta, cual me llevaba a mi estudio, justo al lado del lago Doonen. Dejé mi coche en el aparcamiento del lago cual en realidad no era un verdadero aparcamiento, pero había cogido esa fama ya que todos aparcaban el coche en este descampado.
Olía a tierra mojada, el cielo cubierto de nubes delataba el por qué. En días así me encantaba ir a mi estudio y pintar, era cuando más inspirada podía llegar a sentirme, claramente, para mi no hay nada mejor que oír una tormenta mientras pintaba. Metí la llave en la cerradura de la puerta y me percaté de que el seguro no estaba echado, eso solo podía significar una cosa, Megan, mi mejor amiga, andaba por aquí.
- ¿Megan? - Grité cerrando la puerta.
No tuve una respuesta así que decidí ir a inspeccionar mi estudio. Paredes altas y blancas, techos descubiertos dejando ver las vigas de madera cuales soportaban el peso, la estancia era muy grande, ya que no tenía apenas pareces por mi pequeña obsesión de querer un lugar amplio donde poder sentirme libre y no agobiada.
- ¿Sabes? Deberías pintarme algún día - Vi a Megan observando uno de mis cuadros terminados apoyados en la pared a ras del suelo.
Su melena rubia caía hacia los lados de sus hombros dejando ver un pequeño y nuevo tatuaje cual no supe descifrar su significado en el momento. Corrí hacia ella y la abracé tan fuerte como pude, hacía mucho que no la veía. Me separé de su abrazo y la miré a aquellos ojos cristalinos.
- ¿Sobre ti? - Me reí caminando hacia una pequeña mesa para soltar mi bolso.
- Puedes pintarme desnuda, así las generaciones siguientes podrán saber lo realmente buena que estuve.
Mis carcajadas resonaron por todo el lugar.
- ¿Y que obtendría yo a cambio?
Se giró hacia mi.
- ¿Qué hay mejor recompensa que verme desnuda?
- Eres tonta, Megan - Me reí de nuevo.
Nos dirigimos a unos sofás que había en frente del gran ventanal tintado de colores, me encantaba este sitio, muchas tardes habría esas ventanas cuales llegaban hasta el suelo y me sentaba en él mirando fijamente el lago al atardecer, podría quedarme ahí para siempre, en esos momento no sentía nada más que tranquilidad.
- ¿Y que estas haciendo en la ciudad? - Pregunté.
Megan había decidido darse un tiempo sabático, era la persona más libre a nivel mental que conocía, ella sola se ponía sus reglas, ella sola se ponía sus límites, para mi, era alguien digno de admirar.
- No sé, me aburrió ese estilo de vida - Se quitó su chaqueta de cuero negra y la tiró al otro sofá, fallando en el tiro y dejándola caer sobre el suelo, sabía que no iba a levantarse a por ella para dejarla de nuevo en su sitio y claramente, no lo hizo.
- ¿Te vas a quedar? - Pregunté ilusionada.
- Posiblemente.
Me ilusioné mucho al recibir esa respuesta, tanto que la abracé y nos caímos hacia atrás en el sofá.
- Cariño, si quieres sexo no hace falta que me mandes indirectas - Habló sin vergüenza.
Me reí de su comentario y me volví a acomodar en el sofá, como antes.
- Bueno, cuéntame cosas sobre tu viaje.
- Sabes que no me gusta hablar de mis historias, me aburren - Se estiró en el sofá y puso sus pies encima de mis piernas cruzadas -. Prefiero hablar de ti.
- ¿De mi? ¿Que quieres saber? - Le pregunté.
- No lo sé Sam, por eso pregunto ¿No tienes nada que contarme?
¿Que si tenía algo que contarle? Deseaba contarle lo muy dolida y confusa que estoy por él... ¿Pero por dónde empezar? Pensará que soy una loca si le digo que no puedo dejar de pensar en un hombre al cual solo he visto dos veces.
- ¿Sam? ¿Samantha? - Me dio con sus pies para hacerme volver al mundo real.
- Eh ¿Qué?
- ¿Y esa cara de frigida que has puesto? - Preguntó.
Me reí de nuevo, pero no tanto como la última vez ya que seguía pensando el Harry.
- ¿Que te pasa Sam? - Volvió a preguntar más seria.
No sabía por donde empezar.
- ¿C-conoces a Harry... Harry Styles? - Pregunté.
Frunció el ceño mirándome atentamente mientras que se incorporaba en el sofá.
- ¿Que pasa con ese? - Me dijo Megan.
Pareció que de un momento a otro sus sentidos se habían puesto en alerta.
- Bu-bueno, pues, mis padres y los suyos se reunieron y le he conocido... pero - Suspiré -. No lo sé, no quiero hablar de él - Negué con la cabeza.
Me observó durante unos segundos con el ceño fruncido.
- ¿Seguro que no quieres hablar de él? - Preguntó seria, a sabiendas de que si quería.
- No, no quiero, me da igual - Mentí.
- Puedo decirte que folla de puta madre - Dijo de repente.
¿Qué? Me quedé en shock ¿Había escuchado bien? ¿Estaba diciendo lo que yo creo que he escuchado? De un momento a otro me levanté furiosa empujando sus pies para quitarlos de mis rodillas. Mi corazón empezaba a acelerarse dolorosamente en mi pecho ¿Cómo podía haberse acostado con él? No, ella no, mi mejor amiga no ¿Por qué? Ahora mismo no se que hacer salvo dar marcha atrás a cada paso que ella da hacia mi.
- Ni te acerques - Grité enfadada.
- Sam, Sam, escúchame - Alzó una mano hacia mi.
Sentía asco, dolor, histeria, no podía mirarla a la cara. Ni si quiera yo era consciente de como me estaba llegando a afectar el saber que Harry se había acostado con otra persona y que esa persona fuese mi mejor amiga.
- ¡Megan, vete, joder! - Impuse.
Puso sus manos sobre mis hombros y me miró intensamente a los ojos, recordándome a Harry.
- ¿Has olvidado que soy lesbiana? - Comentó -. ¿Que no puedo ver a Harry de otra forma que no sea más que para aumentar mi odio hacia el lado masculino?
Me quedé en blanco ante sus palabras. Parpadeé unas cuantas veces antes de si quiera poder articular palabra alguna. La manera en la que me había puesto en apenas segundos era algo insólito en mi, ni si quiera reaccioné de la manera adecuada, fui como un petardo al que se le prende la mecha y explota ante ti sin que te de tiempo a huir. Escapé de su agarre y de nuevo me volví a sentar en el sofá, en silencio durante un tiempo, tan solo con el sonido de las gotas de agua chocar contra mi ventana. Me tapé la cara con las manos y me agaché hasta poner mis codos en las rodillas, realmente sentía que mi reacción fue de locos.
- ¿Estas bien? - Me preguntó Megan.
Respiré profundamente, tomándome mi tiempo necesario para contestar correctamente a dicha pregunta.
- No, Megan, no lo estoy - Suspiré levantado la cabeza.
Se sentó a mi lado y me abrazó.
- Lo siento, Sam - Se disculpó.
Negué con la cabeza. De cierta forma no estaba enfadada con ella, un poco si, pero con quien estaba enfadada de verdad era conmigo misma ¿Por qué me puse así?
- ¿Por qué lo has hecho? - Murmuré.
- Porque quería saber hasta que punto, Harry, te daba igual.
Mis ojos se movieron más allá de la gran ventana, fijando mi vista en el lago salpicado por gotas. Era curioso como todo me recordaba a Harry.
- ¿Y como fue el experimento? ¿Querías valorar lo loca que me puedo llegar a poner? - Vacilé.
- Sam - Me dedicó su tono serio -. Escúchame, él no es tu tipo.
Giré mi cabeza hacia ella ¿Qué él no es mi tipo? ¿Como sabía eso ella?
- ¿Cómo puedes saber eso? ¿Acaso sabes algo de Harry que yo no sepa? - Pregunté.
Suspiró soltándome para reclinarse en el sofá.
- Claro que sé acerca de Harry, por eso te digo que no es tu tipo.
Di un grito ahogado de sorpresa mientras que me levantaba de mi asiento.
- ¿Y cómo es Harry entonces? ¿Por qué no es mi tipo? - Protesté.
- Sam - Volvió a su tono de regaño.
Ya volvía a prender la mecha del petardo, pero me controlé.
- Megan, estoy perdida - Confesé -. Estoy asustada, tan solo le conozco de dos días pero me siento como si le conociera de toda la vida. Me comporto como una desquiciada, pero es que quiero saber el por qué me tiene tanto recelo, quiero saber por qué no me deja acercarme a él y quiero saber por qué siento como algo me atrae hacia él, porque es fuerte esa atracción.
- No eres la primera a la que le pasa - Pensó en voz alta.
Arrugué mi entrecejo. Vi como se ponía tensa en apenas segundos después de su comentario en voz alta. Me acerqué a ella a paso lento, ¿Qué pasaba?
- ¿No soy la primera a la que le pasa? - Pregunté muy confusa.
- A-ah, Samantha, yo no... no voy a ser yo quien hable de la vida de los demás - Se levantó y fue a por su chaqueta tirada en el suelo a paso ligero.
La cogí de la muñeca y le obligué a mirarme parándola en el sitio.
- No me puedes dejar así.
- Samantha, soy fiel a mis principios, lo sabes. No diré nada - Soltó mi agarre.
Caminó rápidamente hacia la puerta, dejándome más perdida de lo que ya estaba. Antes de coger el pomo se giró hacia mi y me miró.
- Prométeme una cosa - Dijo ella.
La miré totalmente desarmada, esperando su comentario.
- Prométeme que no vas a acercarte más a él, por favor - Quizás ella ya supiera mi respuesta, pero lo quiso intentar.
Suspiré y le miré, sin darle respuesta alguna, dejándola marchar. Ahora estaba mucho más perdida que antes. ¿Que pasaba con Harry? Quería respuestas y sabía que las tendría que buscar por mi misma. Quiero saber lo que me ocultan sobre él y aunque me cueste sudor y lágrimas, estaré dispuesta a averiguarlo.
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viernes, 6 de septiembre de 2013
Forbidden - Capítulo 2
No puedo, por más que lo intento, no puedo. Sus labios rojizos y gruesos, sus verdosos ojos, su pelo castaño y rizado, sus músculos tensos al retenerme en la pared, su entrecejo fruncido, su respiración acelerada, su olor... Por más que intento evadirme de ellos no puedo.
Sigo intrigada: ¿por qué hizo lo que hizo? ¿Dónde se metió? Él dijo que se encontraba mal, que estaría en su cuarto, pero ahí no estaba. De todas maneras no quise delatarle ante sus padres, pero me remordía la conciencia pensando en que quizás si debía de haberlo hecho, aunque ciertamente, no lo sé, estoy perdida en un pozo sin fondo.
Cierro mis ojos, tan solo siento oscuridad. Por segundos le imagino a mi lado, imagino su cuerpo pegado al mío, acariciándome, provocándome un intenso escalofrío por mi pecho al pasar mis manos sobre él pensando en que son las grandes manos de Harry quien lo hace. Abro los ojos rápidamente buscando el interruptor de la luz a ciegas entre la oscuridad, lo encuentro y lo pulso para sumir mi habitación en una tenue luz. ¿Qué me está pasando?
- Samantha, para - Me digo a mi misma, intentado relajar mi respiración.
Unas malditas horas a su lado y un encuentro salvaje en el pasillo han sido lo único que ha necesitado para tenerme obsesionada con él. ¿Por qué? Quiero una explicación lógica. Jamás me había pasado esto con nadie y empezaba a asustarme toda esta situación.
Alargué un brazo hacia la mesita de noche y apagué la luz, pensaba que lo mejor era no pensar tanto en él, mejor sería dormir, quizás si dormía todo se iría.
Pero aquella noche no pude dormir.
- Si, aja... Claro, el martes a las tres - Mi madre daba vueltas en la cocina preparándose un café mientras atendía una llamada -. ¿Hoy? ¿Pero cuando? ¿Ahora? No puedo, me es imposible.
No sabía con quién estaba hablando ya que cuando decidí levantarme de mi cama sin ganas y bajar para desayunar, ella ya había empezado la conversación telefónica. Tampoco es que me importase mucho con quién estuviera hablando, pero estaba deseando que colgase para pedirle dinero, ya que me moría de ganas por ir a un concierto y estaba sin blanca.
Intenté llamar la atención de mi madre levantando las manos y haciéndole gestos para que colgase el teléfono, cuales ella ignoró.
- ¡Mamá! - Me quejé.
- Sam, ahora no puedo.- Articuló tapando con la mano la parte de abajo de su teléfono.
Recogió las cosas mientras que siguió hablando e ignorándome. Decidí rendirme hasta que colgase el teléfono, tampoco la quería hacer enfadar. A los diez minutos dejó el teléfono en la mesa de la cocina. Por fin, ahora era mi turno.
- Mamá, quiero ir a un con... - Mi madre me interrumpió como si no supiera que ya le había empezado a hablar.
- Sam, cariño ¿me puedes hacer un favor?
Me quedé algo confusa ¿Un favor? Supuestamente era yo quien le iba a pedir algo. Asentí con la cabeza y la seguí mientras cruzaba el pasillo para ir a una pequeña sala con un escritorio donde ella se pasaba la mayoría de las veces que estaba en casa, se sentó y abrió el portátil que tenía en la mesa.
- Verás, esto es muy importante, así que presta mucha atención - Dijo escribiendo la contraseña del portátil -. ¿Recuerdas donde estaba la casa de la familia Twist?
Parpadeé unas cuantas de veces ante los flashbacks que se amontonaban en mi mente de la noche anterior. Otra vez Harry no, por favor.
- E-eh, si... creo que si - Dije insegura.
- Bien, pues necesito que lleves unos papeles a su casa.
- ¿Yo? ¿Qué? ¿Por qué? - Abrí los ojos lo más que pude.
¿Volver a la casa y encontrarme a Harry? ¿Estaba de broma? No quería volver a encontrarme con él. Se supone que ya no le iba a ver más. No, no quiero.
- Sam, por favor, es importante que se los lleves, lo haría yo, pero no puedo, tengo que ir a la oficina con papá para arreglar unos cuantos asuntos - Se levantó y bajó la pantalla del portátil.
- Pero... - Mi madre me volvió a interrumpir.
- Solo serán cinco minutos, es darle estos papeles y volver - Me entregó una carpeta blanca cual yo acepté después de dudarlo por un par de segundos.
Suspiré a modo de derrota.
- Esta bien, mamá.
- Gracias cariño, por cierto, ¿qué era lo que querías?
Negué con la cabeza y encogí los hombros, seguramente ella no tendría tiempo para escucharme si iba tan atareada, ya la pillaré en otro momento de relax.
Me dirigí hacia mi habitación, entré y cerré la puerta, cosa que se había convertido en una costumbre el mantener la puerta cerrada de mi cuarto. Está bien, no tenía por qué ponerme nerviosa, quizás Harry no estaba en la casa, que sería lo más probable, ya que escuché que tenía otra casa, así que no había mucho de lo que preocuparse. Tan solo eran cinco minutos, tan solo cinco minutos.
Abrí el armario para decidir la ropa que iba a llevar: unos shorts vaqueros y una camisa ancha de un grupo de música no muy conocido, pero a mi me encantaban. Después de vestirme salí hacia el cuarto de baño para peinarme dejándome el pelo suelto, gracias a Dios no se me había puesto como otros días cual parecía que tenía complejo de león. Me miré por última vez en mi espejo revisando centímetro a centímetro mi cara que delataba el cansancio que llevaba a hombros por no haber dormido apenas la noche anterior.
Aparqué mi coche justo delante de la enorme casa, de día parecía aun más grande. Subí mi ventanilla, cogí mi bolso y la carpeta blanca del asiento de al lado, y me propuse a salir del coche. Pero no podía. ¿Y si Harry está aquí? Sé que no debo de pensar así, pero ¿qué voy a hacer si me lo encuentro? Agité mi cabeza y empujé la palanca de la puerta para abrirla. Lo que haré será resolver mis dudas.
El pulso casi me temblaba cuando le di al timbre de la casa. El tiempo que tardaron en abrirme lo invertí en mirar hacia el jardín: el césped verde era como un salón recreativo para el gran perro que me observaba desde su caseta, la verdad es que tener los ojos negros de un ser tan grande mirándome no hacía sino que la tensión aumentara en mis adentros.
Oí como la cerradura se abría y con ella la puerta, volví a dirigir mi vista nerviosa hacia la casa y para mis nervios, quien me abría la puerta, fue Anne.
- Hola cielo - Me tendió una mano sonriente.
- Hola señ... - Rectifiqué al pensar en que no quería ser llamada de tal manera -. Eh, Anne - Sonreí tímidamente.
- Pasa, pasa - Me abrió las puertas y señaló hacia adentro.
Y de nuevo estaba en aquella casa, puedo asegurar que tenía todos los sentidos alertados por si veía a Harry.
- Tu madre me ha dicho que vendrías - La seguí hacia su despacho -. ¿Está trabajando?
- Si, justo se ha tenido que ir con mi padre a las oficinas - Mis ojos buscaban a Harry.
Entramos en su despacho, cual era realmente grande, o quizás fuese una ilusión óptica al no tener pared, sino un gran ventanal que hacía conectar el despacho con el jardín trasero.
Mi vista se había fijado mas halla de aquellos ventanales, estaba demasiado embobada con una moto que estaba aparcada en aquél patio, como para oír a Anne hablar de los papeles al revisarlos. Era realmente hermosa y llamativa, no sabría como describir esa moto, pero con tan solo verla sabía que estaba por encima del resto. Tenía un diseño alargado y bajo, su estilo me recuerda algo a los años setenta u ochenta, con el asiento de cuero negro contrastando a la perfección con todos los materiales plateados que la componían.
- ¿Samantha? - Anne me devolvió al mundo real.
- E-eh ¿si?
- ¿Te pasa algo? - Preguntó a la vez que se levantó cogiendo la carpeta.
- No, no se preocupe.
- Vale cielo, voy a imprimir unos papeles para que se los des a tus padres ¿Si? Ahora vuelvo.
Vi como se iba, dejándome a solas en aquel despacho tan grande. No podía separar la vista de aquella moto, realmente llamó mi atención. Caminé más cerca de la ventana para observarla mejor y al hacerlo me percaté de que la puerta corredera estaba encajada... Quizás no debí salir al patio sin permiso, pero había algo que me atraía a aquella moto cual me transmitía una sensación de peligro y de curiosidad. De cerca parecía aun más imponente, mucho más.
- No te acerques más - Susurró una voz grave justo detrás de mi.
Y vuelvo a sentir como el corazón me da un giro, vuelvo sentir como el pecho me sube y baja de una manera muy agitada que no puedo controlar, la adrenalina recorre mis venas con tan solo imaginar que está detrás de mi, es él. Dudo por unos instantes en darme la vuelta, pero lo hago, fijando mi vista en sus deseables labios entreabiertos, mis ganas de morderlos son realmente fuertes.
- ¿Que haces aquí? - Preguntó con su lenta y ronca voz.
No me puedo creer lo cerca que vuelvo a estar de él, apenas nos separan diez centímetros y ninguno de los dos hace nada por separarse lo más mínimo, me siento como en una burbuja. Noto la presión de mi pecho expandirse cuando me percato de que tiene una camisa de cuadros rota por los brazos y todos sus botones abiertos, dejando ver su torso bronceado lleno de tatuajes. Quiero tocarle, deseo tocarle desesperadamente. Muerdo mi labio inferior intentado retener mis ganas de acercarme. Levanto lentamente mis ojos, recorriendo cada centímetro de su perfecto rasgo, hasta sus imponentes ojos verdes clavados en mi, mirándome de la misma forma en la que me miró cuando me retuvo contra aquella pared.
- ¿D-de quién es? - Ni si quiera podía articular una palabra bien, este es el efecto de Harry, te obsesiona de una manera en la que solo piensas en sus perfectos ojos y lo demás sobra.
Arrugó más el ceño confundido, pero sin bajar la guardia.
- La moto, digo - Intenté relajarme mirando hacia otro lado, pero él no apartaba su vista de mi.
- Es mía - Su voz sería me encantaba.
- No imaginé... bueno, que las motos te gustasen -realmente es así, no imaginaba a aquel chico elegante de anoche le pudiesen gustar este tipo de cosas algo tan peligroso, aun que claro, pensándolo mejor, encaja perfectamente con su carácter rudo.
Sin que yo me percatase alzó una mano hacia mi barbilla y la giró hacia él, de nuevo, obligándome a mirarle. El tiempo que tardó en contestarme me pareció eterno. Tan solo me miraba a los ojos y mucho más cerca que antes.
- A veces las personas no son lo que realmente aparentan - Susurró.
- ¿Dónde estabas la noche anterior? - Pregunté al instante consumida en nervios.
- Lejos.
- Harry - Susurré -. Dímelo.
- Te dije que no te acercaras más a mi.
- Eres tú el que me tiene sujetada cerca de ti - Por fin salió mi furia.
Relajó su entrecejo lentamente y sonrió alargando el lado izquierdo de sus labios un poco más que el otro. Ay Dios, ¿qué hace? El corazón me golpea fuertemente el pecho y mi respiración alcanza velocidades peligrosas. Por favor, que guapo.
- ¿Quieres que te suelte? - Preguntó.
Mi respiración era demasiado pesada en aquellos momentos y él no hizo más que aumentar el ritmo con esa pregunta. ¿Quería que me soltase? Por dios, que no lo haga. Lentamente bajó su mano por mi cuello, casi arañándome con las yemas de sus dedos, provocándome. Siguió con sus caricias duras hasta mi pecho y bajó sus grandes manos hacia mi vientre para luego separarse de mi. Había aguantado la respiración todo el momento involuntariamente y cuando me percaté de ello fue demasiado tarde para recomponerme, él ya se había dado cuenta de ello, quizás fueron sus ojos hipnotizantes cuales me obligaron a centrarme en solo en Harry, olvidándome de todo. Aun seguía sintiendo el hormigueo de sus caricias sobre mi cuello y pecho.
- Cuando te digo que te alejes de mi, es porque realmente no quiero tenerte cerca - Susurró casi con un ápice de dolor en sus palabras.
¿Qué? ¿Por qué?
- Harry... - Me interrumpió.
- No se por qué has venido, pero va siendo hora de que te largues.
Se alejó de mi para cubrir la moto con una tela que había dejado en el suelo. Se negaba a mirarme ¿Por qué? Realmente estoy perdida ¿Pero qué demonios le hice yo para que me tratase así? Es injusto que sea tan borde conmigo, que me trate tan mal... Pero sobre todo es injusto que cuanto más intenta alejarme de él más ganas tengo yo de acercarme, es insano lo que me hace sentir con tan solo dos cruces en nuestras vidas.
- Sigo pensando que eres un imbécil - Le contesté muy enfadada.
Ni si quiera se dignó a mirarme, simplemente levantó los hombros de espaldas a mi, admitiendo que lo que pensara de él le importaba bastante poco. Este hombre estaba empezando a agotar mi paciencia, resultaba insoportable.
Respiré hondo y me fui a paso ligero de nuevo hacia la casa, tenía ganas de salir de ahí, tenía ganas de llorar, de chillar, dios, estaba tan frustrada.
- ¡Sam! - Anne apareció por las escaleras mientras que yo las cruzaba para ir a la salida.
Me quedé en el sitio y me volví hacia ella.
- ¿De verdad que estás bien? - Preguntó muy preocupada.
Asentí, apenas era capaz de hablar.
- Vale, cielo - Me acarició un brazo y me sonrió, sus gestos me recordaron a la sonrisa que Harry me había dedicado -. Toma los papeles para tus padres, es muy importante que se los des.
- Si - Los cogí.
Me acompañó hacia la puerta principal y se quedó ahí hasta que puse el motor en marcha y arranqué. Antes de salir de su calle miré por el espejo retrovisor y para mi sorpresa, Harry, me estaba observando.
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Forbidden - Capítulo 1
Me siento como si pudiera volar en este mismo momento, noto las frías corrientes de agua llevándome a su antojo. Mi cuerpo desnudo se hunde más en aquel lago congelado a causa de la gravedad, no lucho, no intento volver a la superficie, tan solo me dejo llevar. Por encima de mi veo una nube de pompas un poco antes de que mi pelo tapase mi visión como algas enredándose en mi rostro. Agito mi cabeza, alzo los brazos y muevo los pies pateando el agua a gran velocidad hacia la libertad. Inundo mis pulmones con una gran bocanada de aire puro. Mi cuerpo se mantenía en movimiento debajo del agua mientras mi cabeza se alzaba por encima de ella observando todo el maravilloso paisaje: un atardecer anaranjado, montañas oscuras a lo lejos enmarcando el bonito lugar, casas modernas salpicadas al rededor y un bosque rodeando los lugares más próximos de lago, sin duda era un lugar perfecto donde me encantaba perderme para huir de problemas, para buscar inspiración o tan solo por el placer de estar sola.
El sol cayendo entre las montañas era una señal para mi, pronto debía marcharme a casa, así me lo había dicho horas antes mi madre. Nadé hacia la orilla, observaba que nadie estuviera cerca de mi ya que estaba desnuda. Campo libre. Salí del agua, corrí hacia mi toalla tirada en el suelo, la sacudí y cubrí mi cuerpo con ella. El frío aire pasaba a través de mis piernas aun mojadas causándome un escalofrío que recorría mi cuerpo entero. Quise salir de ahí cuanto antes, estaba anocheciendo y no me gustaba andar por aquí de noche sin la compañía de otra persona. Me puse el vestido con rapidez, metí la toalla en la mochila y me calcé en mis vans algo desgastadas. Mientras que me amarraba los cordones oí un crujido de ramas por detrás de mi, volví mi cabeza casi al instante y observé todo a mi alrededor, casi reteniendo mi respiración, pendiente de cada detalle que me podría alertar de que no estaba sola.
- ¿Hay alguien ahí? - Giré mi cuerpo al completo hacia el mar de arboles que se amontonaban justo de donde provenía el sonido crujiente de las ramas.
Observé un poco más pero no había rastros de otra persona, quizás solo fuera un animal, no lo sabía, pero tampoco iba a perder mucho tiempo en averiguarlo ya que tenía prisa. Cogí mi mochila del suelo y emprendí mi camino hacia la salida del lago. La casa de mis padres estaba cerca de aquí, así que no me llevé mi coche, a demás me gustaba andar. Noté que mi móvil sonaba en mi mochila, corriendo lo cogí y lo atendí sin ver quien era.
- ¿Diga? - Pregunté.
- Hija ¿Te falta mucho? - Mi madre por la otra línea preguntaba inquieta.
- No, no mamá, ya voy de camino.
- Date prisa, hemos quedado a las nueve, no lo olvides.
- ¿Cómo lo voy a olvidar si no haces nada más que recordármelo? - Protesté riéndome.
- Sabes que es importante para tu padre y para mi quedar bien ante esta familia.
Resoplé mientras miraba al cielo casi oscurecido.
- Lo sé - Admití -. Mamá, te dejo, ya estoy llegando, hasta ahora - Colgué.
Retuve mi móvil entre las manos, por una extraña razón sentía que alguien andaba detrás de mi. Me giré un par de veces, pero no había nadie, estaba empezando a pensar que el frío me había afectado a la cabeza. Anduve a paso ligero por la gran avenida llena de casas hasta encontrar la de mis padres, subí los tres escalones principales, saqué mis llaves del pequeño bolsillo trasero de la mochila y encajé una de ellas en la cerradura para hacerla girar. Mi sorpresa fue encontrarme a mi madre en la entrada cuando abrí la puerta, parecía muy enfadada por cómo me miraba, sus ojos clavándose en mi seriamente y sus labios haciendo un arco hacia abajo. Sabía que no iba a escapar muy bien de esta.
- Tienes media hora para ducharte y arreglarte.
Bien, nos hemos saltado los preliminares de «Hola hija, ¿dónde estabas? por fin estas aquí» y eso no era muy buen comienzo de la conversación, que digamos. Asentí con la cabeza mientras cerraba la puerta, pasé delante de ella con una sonrisa para calmarla, cual no tuvo el efecto que creía que iba a causarle. No sirvió para ponerla de mejor humor, así que decidí marchar hacia el cuarto de baño para cambiarme. Me duché lo más deprisa que pude, igual hice cuando me vestí, tan solo cogí lo primero que vi elegante en mi armario y me lo puse: un corto vestido rojo intenso, algo holgado, pero el cinturón que tenía debajo del pecho hacía resaltar de una manera extrañamente sexy mis curvas, busqué mis tacones de botas negros por debajo de mi cama, los encontré y rápidamente me los puse.
- ¡Te has pasado de la media hora! - Gritó mi madre desde abajo.
Corriendo me puse en pie y fui de nuevo al servicio para retocarme un poco, me puse un poco de rímel en los ojos y un brillo de labios, si hubiera tenido algo más de tiempo quizás hubiera echado mano del colorete y de la sombra de ojos, pero no podría. Cerré rápidamente el bolso con mis pinturas y lo tiré en mi cama, cerré la puerta y bajé hacia donde mis padres me esperaban. Mi madre estaba ajustándole la corbata a mi padre cuando me reuní con ellos. Giró su cabeza hacia mi y me escrutó con la mirada de arriba a bajo, frunciendo el ceño cuando llegó a mi cara. Ay no, no quiero más peleas...
- ¿Y ese pelo? - Me preguntó.
Alcé mi mano libre al pelo, no me había dado tiempo a secarlo, tan solo a peinarlo.
- Solo me has dado media hora - Refunfuñé.
- Cincuenta minutos - Rectificó mi madre.
- A ver - mi padre entró en la pelea -. No hay tiempo para discusiones, venga, vayámonos.
Seguí a mis padres hacia el coche, abrí la puerta trasera y me senté esperando a que mi padre pusiera el motor en marcha. Una vez habíamos salido de nuestra avenida nos adentramos en un camino con campos de cultivos a los lados, sinceramente no me gustaría andar por esos sitios yo sola, daban bastante miedo. Bajé mi ventanilla un poco para que entrara el aire y de repente el estruendoso e insoportable rugido del motor de una moto pasó por nuestro lado a gran velocidad, a los pocos segundos pasaron otras dos y a la tercera no tuve más remedio que subir del todo la ventanilla.
- ¡Malditos! - Mi padre protestó dando un golpe en el volante -. ¿No saben a la velocidad que van?
- Tranquilo Zak - Mi madre calmó a mi padre.
Suspiré profundamente mientras miraba de nuevo a la ventana, sinceramente y aunque estuviese mal, no me habría importado irme en una de esas motos, lejos de aquí ya que no quería ir a ninguna estúpida cena ni conocer a nadie, me sobraba con la poca y amable gente que conozco. Pero esta vez no era cuestión mía, sino de mis padres.
Aparcó el coche justo delante de una casa muy lujuriosa, casi como la de mis padres. Salí del coche sin dejar de mirar la fachada blanca de aquella mansión.
- Sam - Mi padre me llamó la atención mientras que se acercaban a la puerta.
Me apresuré con ellos. Mi madre parecía un poco más relajada, un poco, solo un poco, aun tenía nervios, cosa que era comprensible por la situación. Llamaron al timbre y en menos de un minuto una pareja nos abrió la puerta. Saludaron a mis padres muy sonrientes, parecía que estaban muy contentos por tenerles ahí con ellos.
- Esta es nuestra hija, Samantha - Mi padre me presentó a la pareja.
- Hola, encantada - Les tendí una mano mientras que les sonreía amablemente.
- Estos son el señor y la señora Twist - Mi padre siguió con el acto de presentación.
La mujer me pareció preciosa a primera vista, sus ojos grandes celestes contrastaban con su oscuro pelo, sus fracciones aun definidas hacían que fuese aun más hermosa.
- Hola Samantha, encanada igualmente - Me devolvió el saludo.
- Oh, puede llamarme Sam, si usted quiere.
- Lo haré si no me tratas de usted - Me guiñó el ojo divertida - Me hace sentirme mayor, llámame Anne -.Su sonrisa le hacía parecer años más joven.
Asentí sonriéndole. Entramos a la casa, que si antes por fuera me parecía enorme, por dentro me parecía gigantesca. Pasamos al salón decorado con tonos grises y cremas, la verdad es que me pareció un lugar muy acogedor, parecía muy hogareño aun siendo tan grande.
- ¿Y vuestro hijo? - Preguntó mi madre.
¿Hijo? ¿Qué hijo? A mi nadie me había dicho nada de que tuviera que enfrentarme a un crío, aunque la pareja me había caído muy bien no quería pasar la noche al lado de su hijo, más críos adolescentes repelentes no, por favor, odiaba a esos críos de familias adineradas que se creen muy chulos solo por tener padres que le consienten todo.
- Pues no lo sé - Anne se sacó el móvil del pantalón - Le he dejado un par de mensajes, pero no me ha contestado - Podía vislumbrar preocupación en sus ojos.
- Ya sabes como es el niño, estará bien cariño - Su marido, Robin, le calmó - Ahora empecemos a picar algo, ya empiezo a tener hambre.
Todos nos reímos al escuchar esa frase de Robin. Anne se guardó el móvil en su pantalón y nos dirigió a la mesa donde estaban todos los platos colocados en fila. Nos pusimos al rededor de ella para picar algo antes de comer. Yo sostenía en mi mano derecha un baso con cocacola mientras que todos los demás tenían alguna bebida con alcohol, quizás si supieran que yo bebía no me hubieran visto del mismo modo de niña inocente, puesto que no lo soy.
Estaba escuchando la conversación de mi madre con Anne cuando de repente sonó las llaves de la cerradura en la puerta principal, miré a Anne que se había levantado y andaba a paso ligero hacia la puerta.
- Hola cielo - Escuché su voz desde lejos - Llegas muy tarde ¿Dónde has estado?
Miré a mi madre, horas antes había pasado lo mismo en mi casa, pero ella en vez de ser tan dulce como lo fue Anne se limitó a hablarme con enfado.
- Lo siento, no fue mi intención - Habló una voz grave, no parecía para nada la de un crío, para nada -. Salí a dar una vuelta, no me di cuenta de la hora y ya que andaba cerca de mi casa me quedé ahí para cambiarme.
- Nos tenías preocupados.
Sus voces cada vez eran más notables y sin saber porqué mis nervios iban en aumento ¿Que me pasa? Mi madre se levantó de mi lado y fue a la entrada del salón para recibir al hombre que había entrado en la nueva aula donde nos encontrábamos. Apenas pude pestañear el suficiente tiempo como para descubrir una figura alta detrás de Anne.
- Mirad quien ha venido - Se echó hacia un lado dejando a el chico a nuestra vista.
Puedo jurar que el mundo se me ha parado en este mismo instante, mi corazón ha dado un vuelco de trescientos sesenta grados y se ha enredado en mi garganta, haciendo que mi respiración se complique como jamás antes lo había hecho. Un chico moreno con el pelo casi rizado a los bordes de la cara, con un tupé hacia atrás hecho con el flequillo que le caía en la frente, unos grandes ojos preciosos que casi me atrevo a decir que son verdes, aunque esté lejos puedo casi notar el color distinguido de ellos, esa boca entreabierta enseñando unos dientes perfectos, blancos y rectos enmarcados por unos labios gruesos y rojizos, dios, necesito aire, la boca se me seca y no soy capaz de articular mi brazo para beber un trago de cocacola, por favor ¿que me pasa? Sus ojos estaban posados en mis padres cuando de repente Anne le cogió del brazo y me señaló.
- Ella es Samantha - Anne le indicó.
Su mirada cambió al completo, sus ojos hicieron un rápido recorrido desde mis pies hasta mi cara, provocandome un intenso escalofrío, parecía... asustado, fugazmente lo vi en sus ojos. Tragué saliva inconscientemente cuando vi su paso hacia mi. No voy a negar que yo también le escruté de arriba a bajo; sus zapatos algo desgastados de cuero marrón pegaban a la perfección con sus pantalones ceñidos a sus piernas y su camisa de seda desabrochada por los cuatro primeros botones y eso que tiene en el pecho ¿es un tatuaje? Dios, ser tan jodidamente sexy debería de ser ilegal. Note que los demás volvían a sus conversaciones, dejándonos al chico desconocido y a mi tiempo para intimar.
- Harry Styles - Me tendió una mano con una sonrisa que pudo derretir mi corazón en segundos.
Fijé mi vista en su mano, era enorme.
- Sam... - agité delicadamente mi cabeza -. Qu-quiero decir... Samantha, Samantha James - Le devolví el apretón, casi sentí un hormigueo en la mano mientras que le estaba tocando.
Abrió más los ojos mientras sonreía divertido ¿Que ha pasado? ¿Tengo algo en la cara?
- Buen apretón - Soltó mi agarre.
- Oh, lo siento - Bajé mi cabeza algo avergonzada.
Él alzó los hombros dándome a entender que no pasaba nada, me dedicó una última sonrisa y se giró hacia su madre que nos estaba mirando muy sonriente. Nos dirigimos a la mesa y nos sentamos cada uno en nuestros respectivos sitios, mi padre y mi madre al juntos que justo enfrente tenían a la pareja Twist que a la vez tenían a Harry al lado, cual me tenía delante de él.
- ¿Que os parece si el martes quedamos en las oficinas de Zak para firmar los papeles? - Mi madre preguntó.
- Si, estupendo - Robin contestó sonriendo.
- Por mi no hay ningún problema - Anne comentó.
Apenas estaba atendiendo a la conversación de mis padres, sentía los ojos de Harry descaradamente proyectados sobre mi, me hacía sentir muy incómoda, mucho.
Por dios, no me mires.
- Perdonad ¿Dónde está el servicio? - Pregunté interrumpiendo la conversación con una sonrisa nerviosa. Tengo que despejarme pues no estoy acostumbrada a sentir eso, jamás me había pasado con alguien.
- En el p... - Harry interrumpió a Anne.
- Ya se lo enseño yo - dijo desvergonzado -. Y de paso traigo más vino -cogió la botella mientras que sonreía a Robin.
¿Qué? No, Harry no, si me voy al servicio es porque necesito estar dos segundos lejos de ti antes de que me de algo. Mis súplicas mentales para que se quedara en su sitio no valieron de nada. Seguí a Harry por detrás, guiándome fuera de la sala. Entramos por un pasillo muy estrecho y largo. Cuando se dejaron de oír las voces de nuestros padres Harry se dio la vuelta hacia mi y bruscamente me empujó contra la pared sujetándome las muñecas con una sola mano por detrás de mi espalda.
¿Pero qué coño?
- ¿Qué haces? ¿Estas loco? - Protesté enfadada sin poder mirarle a la cara.
- Mírame - Impuso él.
No me podía creer lo que estaba haciendo, un completo extraño me había acorralado en segundos y me estaba inmovilizando con una sola mano, la fuerza de este hombre es brutal. ¿Qué le había pasado? Hace unos minutos había sido tan lindo y ahora me tiene empotrada en la pared cual bestia. No entiendo nada, ¿pero por qué hace esto?
- Sueltame Harry. -Me removí intentando escapar, pero lo único que provocaba era que su agarre fuese más fuerte y que me dolieran más las muñecas. Pero de una manera extraña no quería que él me soltase.
- Mírame Samantha - Gruñó.
¿Quien se creía que era para darme ordenes? ¿La guapura se le ha subido a la cabeza o qué? Alcé mi cara, decidida a mirarle con desprecio y así fue durante los primeros dos segundos, antes de que sus ojos se clavasen en los míos. Mi corazón se acelera de un modo incontrolable al perderme en su veta verdosa, estaba tan cerca de mi piel que casi notaba su aliento pesado en mi pecho, involuntariamente me mordí el labio por mi frustración, ahora mismo le quiero dar un puñetazo en la cara por ser tan bruto conmigo, pero a la vez no quiero que deje de serlo. ¿Por qué? ¿Qué me está pasando? Harry no dejaba de mirarme con el entrecejo fruncido, y dios, que sexy esta ahora mismo.
- Mierda - Resopló soltándome de mala gana - Lo sabía.
Mi reacción fue cogerme mis muñecas y acariciarlas para aliviar el escozor que Harry me había provocado. Será capullo, me hizo daño.
- ¿Sabías? - Pregunté enfadada -. ¿Qué sabías?
Harry andaba hacia la salida del pasillo pero rápidamente le cogí del brazo y le obligué a darse la vuelta para mirarme.
- ¿Pero quién te crees que eres? Me has hecho daño y encima te enfadas conmigo - Hablé con incredulidad - ¿Que coño pasa contigo?
- No te me acerques - Habló bajo cogiéndome de una muñeca - Esto, por tu bien, nunca ha pasado.
¿¡Qué!?
- Si crees que me vas a acojonar lo llevas claro - Me solté de su agarre enfadada y me di la vuelta, proyectando mis pasos hacia el salón.
Tenía ganas de volver y darle ese puñetazo que se merecía, jamás me habían tratado de esa manera, será imbécil. ¿Pero por qué ha sido tan borde conmigo? Si hace cosa de diez minutos que le conozco. Lo único que se me ocurre ante eso es que debe de tener un problema mental, ¿pero por qué hizo eso? Respiré profundamente antes de entrar en el salón, no podían verme de mal humor, no quería arruinarles la noche a mis padres. Era su gran noche de negocios. Volví a mi asiento mientras que mis padres hablaban con la pareja, sumidos en sus conversaciones, ajenos de lo que Harry y yo habíamos tenido en el pasillo hace escasos minutos. Mientras que me sentaba miré el asiento vacío de él justo delante de mi, pensé que en cualquier momento podía volver y eso hacía que mis nervios flotasen de nuevo. Pero por otra parte... por otra parte ansiaba volver a tenerle cerca ¿Por qué? Debería odiarle... pero en vez de eso estoy deseando que entre por esa puerta y que se siente a mi lado. Mi frustración en estos momentos es demasiado para mi.
- Perdonad - Harry asomó su cuerpo por la puerta del salón -. No me encuentro muy bien, creo que me voy a ir a descansar.
Que bien mientes Styles. Será cobarde por no enfrentarse a esta situación. Seré cobarde por no poderle mirar.
- ¿Que te pasa cariño? - Anne se levantó nerviosa y se acercó a su hijo.
- La cabeza... tan solo quiero descansar un poco.
Se despidió de nosotros y se perdió detrás de la puerta del comedor, apenas me digné a mirarle, no podía, quería, pero no podía. No hable en toda la noche, seguía escuchando las conversaciones como un sonido distorsionado, tan solo pensaba en él, en Harry. Me había pillado muy fuerte por él, aparte de que no podía dejar de pensar en la situación de antes. Esos ojos verdes han sido mi perdición, ese pelo oscuro mi debilidad, esa voz grabe y su cuerpo... todo él debía estar prohibido, tanta perfección lo debía estar. Sus actos violentos hicieron que tuviera ganas de arremeter contra su ser, aunque no niego que por unos momentos, mientras que le miraba a los ojos, no quería que me soltase. La velada casi estaba acabando y yo estaba deseando de irme para no encontrarme nunca más con él.
- Anne, ha sido un placer - Mi madre le agradeció.
- El placer ha sido nuestro - Contestó risueña -. Sam.
Me volví cuando oí su voz.
- ¿Si?
- Ha sido un placer conocerte, eres una jovencita muy guapa.
¿Por qué tu hijo no puede ser la mitad de amable que tú?
- Gracias - Sonreí.
Nos dirigimos hacia la salida. Estaba muy ansiosa ¿Harry bajaría para despedirse? Cuanto más nos acercábamos al coche mis temores se hacían más grandes, no iba a bajar. No podía quedarme ahí como una tonta, quería mis respuestas y si no le voy a volver a ver jamas tendría que saber el por qué hizo lo que hizo. Tenía que verle por última vez. Tenía que hacer algo.
- ¡Esperad! - Alcé mis manos.
Los cuatro adultos delante de mi se pararon para mirarme.
- Creo que me he olvidado una cosa en el cuarto de baño - Me inventé cogiendo mi bolso entre las manos.
- ¿El qué? - Mi madre preguntó.
- A-ah... e-el brillo de labios -rebuscaba dentro del bolso para hacer de mi interpretación algo creíble . Si, un momento ahora vuelvo.
Corrí de nuevo hacia la casa, maldije por dentro ¿cómo se supone que voy a encontrar la habitación de Harry si el sitio es enorme? Suponía que debía de estar en la parte de arriba, por lo cual las subí. Había cuatro puertas blancas, pero me decidí por la que estaba más lejos ya que en aquella había pegatinas de cromos arrancadas y un poster en pequeñito. Mi mano dudó en tocar cuando llegué a la puerta, decir que estaba nerviosa no correspondía a lo que realmente sentía. Llamé un par de veces pero nadie me contestó, quizás estaba dormido así que decidí dar marcha atrás. Pero no, él casi me había dejado sin muñecas, por lo cual me daba igual que pensase que soy ruda. Llamé de nuevo pero nadie me contestó así me armé de valor y abrí la puerta para descubrir un cuarto sumido en la oscuridad, totalmente vacío... ¿Y Harry?
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martes, 3 de septiembre de 2013
Hear Me - Capítulo 42
Sostenías su mano casi temblorosa entre las tuyas, estabas siendo consiente de que estabas escuchándole y sin el aparato. Querías parar de llorar pero no podías, todo en este momento te superaba, la felicidad te inundaba ya que te habías quitado el peso más grande que jamás habías podido tener. Habías superado una etapa muy dura de tu vida.
Te recuperabas muy lentamente del momento vivido con él hace escasos minutos.
Niall: ¿P-puedes oírme? - Se levantó casi con miedo a acercarse a ti.
Asentiste con la cabeza mientras que te incorporabas y le abrazabas desesperada por volver a sentirle entre tus brazos. Agarraste la camisa de Niall entre tus puños cerrados, casi notabas tus uñas clavándose en tu mano, sintiendo el dolor, sintiendo que estabas despierta, que no era un sueño.
Tu: Niall... mi voz - Sollozabas en su pecho.
Notaste la presión del abrazo de Niall al oír tus palabras, la fuerza de sus brazos te retenían contra él tan cerca como podía.
Perdiste la cuenta del tiempo en que estuvisteis en ese cálido abrazo, sus besos en tu cuello, sus susurros en tu oído, su fresca risa, su voz... te hacían querer parar el tiempo y hacerlo vuestro, tan solo de vosotros dos, pero todo terminó cuando oísteis como alguien llamó a la puerta y la abrió haciéndola chirriar de una manera muy incómoda.
- Hola ¿Cómo estás? - Te preguntó sonriente el médico.
Tu: Oh... b-bien - Soltaste dolorosamente la camisa de Niall -. Me duele un poco la cabeza... - Notaste un escalofrío mientras que Niall se sentaba detrás de ti y te abrazaba por detrás -. P-pero... pero por lo demás estoy bien.
Él médico pasó y cerró la puerta de la habitación. Introdujo una mano en el bolsillo de su impecable bata blanca y sacó un bolígrafo a cual presionó unas cuantas de veces la parte trasera para hacer salir y esconder la punta. Le veías inspeccionar detenidamente el papel que estaba justo al lado de la cama, en la mesa que había debajo de la ventana.
- Bien - Se volvió hacia vosotros -. ¿Hace cuanto te has despertado?
Te encogiste de hombros buscando la mano de Niall alojada en tu cadera por debajo de las sábanas.
Tu: Supongo que hace unas horas, o cosa así.
- ¿Y no has sentido nauseas? - Dijo arrugando el entrecejo.
Negaste con la cabeza.
Niall: ¿Las debería de haber sentido? - Preguntó algo inquieto.
- En verdad está bien que no las haya sentido, eso significa que se recupera a un ritmo favorecedor - Habló paseándose por la habitación hasta llegar a unos armarios que estaban enfrente de vosotros para abrirlos -. ¿Y no tienes hambre?
Notaste como la mano de Niall bajaba por tu cintura hacia la parte superior de tu muslo, dándote un pequeño cosquilleo, descubriendo que no tenías ropa interior.
Niall: ¿Sabes que estás desnuda? - Te sedujo en un simple susurro.
Y encenderte fue tan fácil como un pulsar un interruptor para encender la luz. La caricias calientes que te estaba dando justo debajo de tu vientre eran escondidas del médico por la sábana blanca que te cubría. Corriendo pusiste tu mano en la suya y la retuviste quieta, no querías hacer esto delante del médico, aunque eso le daba demasiado morbo a la situación.
- ¿Eh? - Se dio la vuelta cerrando el armario.
Tu: ¿Q-qué? - Levantaste la cara hacia el doctor.
Sentir la risa floja de Niall en tu espalda te hizo querer darle una bofetada en la cara por ponerte en casi en evidencia ante el doctor con tu roja cara.
- Que si tienes hambre.
Tu: M... no, no tengo mucha.
Niall: ¿Seguro? - Volvió a susurrar tan bajo que apenas tu te hubieras podido enterar de no ser por tenerlo pegado a tu piel. Apreciabas como él te lo dijo con segundas intenciones.
- Tienes que comer algo, le diré a la enfermera que suba algo de comer.
¿Comida de hospital? No querías probar de nuevo esa bazofia.
Tu: No, de verdad, no tengo hambre.
Niall: ¿Cuando le darán el alta? - Recurrió al cambio de tema.
El médico volvió a coger el papel que había dejado en la mesa para llevárselo.
- Si todo sigue con el progreso adecuado como hasta ahora, posiblemente, mañana le den el alta, pero antes - Paró cuando abrió la puerta y se asomó -. Pero antes, tienes que comer.
El médico salió dejándoos de nuevo a solas.
Tu: Niall, por favor, no me dejes comer esa comida.
Su risa se oía mil veces mejor sin ningún aparato.
Niall: ¿Quieres que pida una pizza? - Dijo con sarcasmo.
Tu: Si, vale, venga, pero no quiero comer nada del hospital - Te lo tomaste muy enserio.
El verte tan preocupada por comer la comida que servían del hospital le hizo mucha gracia a Niall, sin duda, la risa que le habías provocado antes aun perduraba en él. Se levantó y te besó en la frente.
Niall: Voy a por algo, creo que hay un restaurante por aquí cerca.
Tu: Gracias Niall - Le sonreíste.
Niall: No puedo mimarte tanto - Negó con una sonrisa.
Tu: ¿No era tu pequeña? Pues tengo todo el derecho a que me mimes... a que me cuides - Te mordiste el labio al fijarte en sus ojos llenos de deseo.
Niall: Eres mía.
Tu: Siempre he sido tuya.
Un último beso fue robado de tus labios con pasión, pero apenas te dio tiempo de saborearlo, ya que cuando te diste cuenta, él había separado sus labios de los tuyos y había salido de la habitación.
Durante un pequeño rato te quedaste tumbada en la cama de la habitación, a solas, pensando como siempre en Niall, en lo que habías sentido al escuchar su voz a la perfección después de tanto tiempo. Sentías como el corazón te iba a explotar de alegría.
- ¿¡Amiga!? - Sonó una voz aguda desde la otra punta de la habitación.
Miraste corriendo hacia el lugar de donde procedía esa voz tan familiar.
Tu: ¡Alicia! - Gritaste extendiendo tus manos mientras que ella corría hacia ti y se tiraba a la cama de un salto.
Su abrazo descontrolado por la histeria que le había provocado verte consciente hizo de este, el mejor abrazo que jamás antes os habíais dado.
Ali: ¿¡Qué tal!? ¿¡Cómo estás!? ¿¡Te duele!? - Paraste su mano que iba sin pensar a tu oreja.
Tu: ¡Ali! - Te quejaste riéndote -. ¡Tranquilízate!
- Si, no te la cargues - Una voz grave resonó por detrás.
El corazón casi se te para cuando reconociste aquella voz. Un chico alto y moreno asomó sus celestes ojos por detrás del hombro de Alicia.
David: Hola fea - Te sonrió.
Aunque te pareciese sorprendente, ver a David te alegró muchísimo.
Tu: Hola idiota - Le abrazaste.
David: ¿Y esa oreja? ¿Te la han cortado? - Su humor era una de las características que más te encantaban de él.
Tu Padre: ¿Que se la van a cortar? - Se rió.
Tu: ¡Papá! - Te incorporaste y le diste un fuerte abrazo a tu padre.
Tp: ¿Cómo estas, hija? - Se sentó en la cama.
Te pasaste un buen rato escuchando todas las experiencias que Alicia y David habían tenido con el show del cual tu no llegaste a participar por tu operación, te resultó muy gratificante por ellos, ya que te alegrabas, pero no podías dejar de pensar que todo esto había empezado por el show y ni si quiera llegaste a formar parte de él. Te sentías muy frustrada por dentro, pero la felicidad que sentías era demasiado inmensa. Sin duda te habías hecho muy fuerte. Al rato llegó Niall con algo de comida para ti, le estuviste eternamente agradecida. Saludó a todos, a Ali cual se tiró a sus brazos, pero esta vez no sentiste celos ya que sabías que él solo tenía ojos para ti. Luego saludó a tu padre y a David, cual fue un momento visiblemente incómodo por como se miraron, se notaba que Niall intimidaba algo a David, por muy grande y musculoso que él fuese, tu chico dejaba claro con su mirada que le pertenecías, cosa que te pareció realmente sexy. Se volvió hacia ti y se sentó contigo en la cama mientras que volvíais a retomar las conversaciones anteriores a que Niall legase.
Te recuperabas muy lentamente del momento vivido con él hace escasos minutos.
Niall: ¿P-puedes oírme? - Se levantó casi con miedo a acercarse a ti.
Asentiste con la cabeza mientras que te incorporabas y le abrazabas desesperada por volver a sentirle entre tus brazos. Agarraste la camisa de Niall entre tus puños cerrados, casi notabas tus uñas clavándose en tu mano, sintiendo el dolor, sintiendo que estabas despierta, que no era un sueño.
Tu: Niall... mi voz - Sollozabas en su pecho.
Notaste la presión del abrazo de Niall al oír tus palabras, la fuerza de sus brazos te retenían contra él tan cerca como podía.
Perdiste la cuenta del tiempo en que estuvisteis en ese cálido abrazo, sus besos en tu cuello, sus susurros en tu oído, su fresca risa, su voz... te hacían querer parar el tiempo y hacerlo vuestro, tan solo de vosotros dos, pero todo terminó cuando oísteis como alguien llamó a la puerta y la abrió haciéndola chirriar de una manera muy incómoda.
- Hola ¿Cómo estás? - Te preguntó sonriente el médico.
Tu: Oh... b-bien - Soltaste dolorosamente la camisa de Niall -. Me duele un poco la cabeza... - Notaste un escalofrío mientras que Niall se sentaba detrás de ti y te abrazaba por detrás -. P-pero... pero por lo demás estoy bien.
Él médico pasó y cerró la puerta de la habitación. Introdujo una mano en el bolsillo de su impecable bata blanca y sacó un bolígrafo a cual presionó unas cuantas de veces la parte trasera para hacer salir y esconder la punta. Le veías inspeccionar detenidamente el papel que estaba justo al lado de la cama, en la mesa que había debajo de la ventana.
- Bien - Se volvió hacia vosotros -. ¿Hace cuanto te has despertado?
Te encogiste de hombros buscando la mano de Niall alojada en tu cadera por debajo de las sábanas.
Tu: Supongo que hace unas horas, o cosa así.
- ¿Y no has sentido nauseas? - Dijo arrugando el entrecejo.
Negaste con la cabeza.
Niall: ¿Las debería de haber sentido? - Preguntó algo inquieto.
- En verdad está bien que no las haya sentido, eso significa que se recupera a un ritmo favorecedor - Habló paseándose por la habitación hasta llegar a unos armarios que estaban enfrente de vosotros para abrirlos -. ¿Y no tienes hambre?
Notaste como la mano de Niall bajaba por tu cintura hacia la parte superior de tu muslo, dándote un pequeño cosquilleo, descubriendo que no tenías ropa interior.
Niall: ¿Sabes que estás desnuda? - Te sedujo en un simple susurro.
Y encenderte fue tan fácil como un pulsar un interruptor para encender la luz. La caricias calientes que te estaba dando justo debajo de tu vientre eran escondidas del médico por la sábana blanca que te cubría. Corriendo pusiste tu mano en la suya y la retuviste quieta, no querías hacer esto delante del médico, aunque eso le daba demasiado morbo a la situación.
- ¿Eh? - Se dio la vuelta cerrando el armario.
Tu: ¿Q-qué? - Levantaste la cara hacia el doctor.
Sentir la risa floja de Niall en tu espalda te hizo querer darle una bofetada en la cara por ponerte en casi en evidencia ante el doctor con tu roja cara.
- Que si tienes hambre.
Tu: M... no, no tengo mucha.
Niall: ¿Seguro? - Volvió a susurrar tan bajo que apenas tu te hubieras podido enterar de no ser por tenerlo pegado a tu piel. Apreciabas como él te lo dijo con segundas intenciones.
- Tienes que comer algo, le diré a la enfermera que suba algo de comer.
¿Comida de hospital? No querías probar de nuevo esa bazofia.
Tu: No, de verdad, no tengo hambre.
Niall: ¿Cuando le darán el alta? - Recurrió al cambio de tema.
El médico volvió a coger el papel que había dejado en la mesa para llevárselo.
- Si todo sigue con el progreso adecuado como hasta ahora, posiblemente, mañana le den el alta, pero antes - Paró cuando abrió la puerta y se asomó -. Pero antes, tienes que comer.
El médico salió dejándoos de nuevo a solas.
Tu: Niall, por favor, no me dejes comer esa comida.
Su risa se oía mil veces mejor sin ningún aparato.
Niall: ¿Quieres que pida una pizza? - Dijo con sarcasmo.
Tu: Si, vale, venga, pero no quiero comer nada del hospital - Te lo tomaste muy enserio.
El verte tan preocupada por comer la comida que servían del hospital le hizo mucha gracia a Niall, sin duda, la risa que le habías provocado antes aun perduraba en él. Se levantó y te besó en la frente.
Niall: Voy a por algo, creo que hay un restaurante por aquí cerca.
Tu: Gracias Niall - Le sonreíste.
Niall: No puedo mimarte tanto - Negó con una sonrisa.
Tu: ¿No era tu pequeña? Pues tengo todo el derecho a que me mimes... a que me cuides - Te mordiste el labio al fijarte en sus ojos llenos de deseo.
Niall: Eres mía.
Tu: Siempre he sido tuya.
Un último beso fue robado de tus labios con pasión, pero apenas te dio tiempo de saborearlo, ya que cuando te diste cuenta, él había separado sus labios de los tuyos y había salido de la habitación.
Durante un pequeño rato te quedaste tumbada en la cama de la habitación, a solas, pensando como siempre en Niall, en lo que habías sentido al escuchar su voz a la perfección después de tanto tiempo. Sentías como el corazón te iba a explotar de alegría.
- ¿¡Amiga!? - Sonó una voz aguda desde la otra punta de la habitación.
Miraste corriendo hacia el lugar de donde procedía esa voz tan familiar.
Tu: ¡Alicia! - Gritaste extendiendo tus manos mientras que ella corría hacia ti y se tiraba a la cama de un salto.
Su abrazo descontrolado por la histeria que le había provocado verte consciente hizo de este, el mejor abrazo que jamás antes os habíais dado.
Ali: ¿¡Qué tal!? ¿¡Cómo estás!? ¿¡Te duele!? - Paraste su mano que iba sin pensar a tu oreja.
Tu: ¡Ali! - Te quejaste riéndote -. ¡Tranquilízate!
- Si, no te la cargues - Una voz grave resonó por detrás.
El corazón casi se te para cuando reconociste aquella voz. Un chico alto y moreno asomó sus celestes ojos por detrás del hombro de Alicia.
David: Hola fea - Te sonrió.
Aunque te pareciese sorprendente, ver a David te alegró muchísimo.
Tu: Hola idiota - Le abrazaste.
David: ¿Y esa oreja? ¿Te la han cortado? - Su humor era una de las características que más te encantaban de él.
Tu Padre: ¿Que se la van a cortar? - Se rió.
Tu: ¡Papá! - Te incorporaste y le diste un fuerte abrazo a tu padre.
Tp: ¿Cómo estas, hija? - Se sentó en la cama.
Te pasaste un buen rato escuchando todas las experiencias que Alicia y David habían tenido con el show del cual tu no llegaste a participar por tu operación, te resultó muy gratificante por ellos, ya que te alegrabas, pero no podías dejar de pensar que todo esto había empezado por el show y ni si quiera llegaste a formar parte de él. Te sentías muy frustrada por dentro, pero la felicidad que sentías era demasiado inmensa. Sin duda te habías hecho muy fuerte. Al rato llegó Niall con algo de comida para ti, le estuviste eternamente agradecida. Saludó a todos, a Ali cual se tiró a sus brazos, pero esta vez no sentiste celos ya que sabías que él solo tenía ojos para ti. Luego saludó a tu padre y a David, cual fue un momento visiblemente incómodo por como se miraron, se notaba que Niall intimidaba algo a David, por muy grande y musculoso que él fuese, tu chico dejaba claro con su mirada que le pertenecías, cosa que te pareció realmente sexy. Se volvió hacia ti y se sentó contigo en la cama mientras que volvíais a retomar las conversaciones anteriores a que Niall legase.
***
Quizás una de las cosas de las que más me arrepiento fue no decirle desde el primer momento que estaba enamorada de él, así podía haber estado desde el principio junto a Niall, mamá. También me arrepiento de todas las veces que le hice sufrir, él no se merecía lo que le hice pasar, pero aguantó ahí, como un muro irrompible, cual no pude derribar nunca, y por supuesto, no quiero hacerlo, ya que él es mi punto débil y si él cae yo caigo junto a él.
Muchas veces me siento una auténtica egoísta pensando en que si nuestro accidente no hubiera pasado, ahora mismo, no estaría con él, pero ¿Para ganarle a él tuve que perderte a ti? ¿O el destino nos tenía preparado un encuentro a lo largo de nuestras vidas? No quiero ni pensarlo. Yo quiero tenerte, aunque tan solo sean unos minutos contigo, mamá, quiero decirte todo lo que Niall significa para mi, quiero decirte todo que hacemos, como me hace sentir cuando me besa, cuando me toca, cuando me acaricia... y mírale ahí, apoyado en su coche sonriéndome, ojalá pudieras apreciar lo que me hace sentir esa sonrisa, me sigue poniendo los pelos de punta cada vez que me mira de esa forma, como si supiera lo que pienso, como si supiera el amor que me hace sentir cuando me mira así...
Me levanto y voy hacia él.
Niall: ¿Estas bien, pequeña? - Me abraza posando sus manos por detrás de mi espalda.
Estamos en el lugar donde comenzó todo, el coche de Niall está aparcado a un lado de la carretera, justo al lado del 'Stop'. Miro a mi alrededor, los flashback de aquel momento son repetidos en mi mente como macabros sueños, pero ya no duele. Parece que nada ha sucedido en este remoto lugar, la carretera está intacta, la mata verdosa de los árboles ha vuelto a crecer ocultando el lugar por donde caímos, el 'Stop' vuelve a estar pintado, sin rastro de las huellas de nuestro coche. Todo ha pasado tan rápido que no he sido capaz de asimilar todo y me pregunto si seré capaz de asimilarlo algún día.
Tu: Estoy mas que bien - Miré sus intensos ojos celestes.
Niall: ¿Nos vamos? - Me sonrió cogiéndome de la mano y entrecruzando nuestros dedos.
Tu: Espera... tan solo - Me acerqué más a mi chico -. Tan solo bésame.
Y nuestros labios chocaron provocándome un intenso escalofrío a lo largo de mi espalda, cual se propagaba a través de mis venas hacia todos los lugares de mi ser. Le besé como si su aliento fuese lo único que me podría dar fuerzas para vivir, y es bonito decir que yo sentí que él me besaba con el mismo deseo.
Yo soy suya y él es mío. Nuestro amor es infinito.
Jamás podré olvidar ni un solo instante de toda esta historia con Niall, mamá, ya que esta es una historia que tan solo acaba de empezar.
Miré al cielo para imaginarte... ya que desde donde quieras que estés, se que puedes oírme.
Me levanto y voy hacia él.
Niall: ¿Estas bien, pequeña? - Me abraza posando sus manos por detrás de mi espalda.
Estamos en el lugar donde comenzó todo, el coche de Niall está aparcado a un lado de la carretera, justo al lado del 'Stop'. Miro a mi alrededor, los flashback de aquel momento son repetidos en mi mente como macabros sueños, pero ya no duele. Parece que nada ha sucedido en este remoto lugar, la carretera está intacta, la mata verdosa de los árboles ha vuelto a crecer ocultando el lugar por donde caímos, el 'Stop' vuelve a estar pintado, sin rastro de las huellas de nuestro coche. Todo ha pasado tan rápido que no he sido capaz de asimilar todo y me pregunto si seré capaz de asimilarlo algún día.
Tu: Estoy mas que bien - Miré sus intensos ojos celestes.
Niall: ¿Nos vamos? - Me sonrió cogiéndome de la mano y entrecruzando nuestros dedos.
Tu: Espera... tan solo - Me acerqué más a mi chico -. Tan solo bésame.
Y nuestros labios chocaron provocándome un intenso escalofrío a lo largo de mi espalda, cual se propagaba a través de mis venas hacia todos los lugares de mi ser. Le besé como si su aliento fuese lo único que me podría dar fuerzas para vivir, y es bonito decir que yo sentí que él me besaba con el mismo deseo.
Yo soy suya y él es mío. Nuestro amor es infinito.
Jamás podré olvidar ni un solo instante de toda esta historia con Niall, mamá, ya que esta es una historia que tan solo acaba de empezar.
Miré al cielo para imaginarte... ya que desde donde quieras que estés, se que puedes oírme.
~ FIN ~
Quiero dar las gracias a todas las personas que han leído Hear Me. Cada comentario, ya sea de apoyo o crítica, me han servido para motivarme y hacer de esta historia una de mis mejores fanfictions, así que os doy las gracias de todo corazón, mil gracias, de verdad.
Os pediría como un enorme favor que todos los que han leído esta novela me comentasen que les ha parecido, por favor, ya que es realmente importante para mi, con un simple ''me ha gustado'' o ''no me ha gustado'', me sobra. Ya sabéis que podéis hacer los comentarios por aquí, por mi twitter @backforbritish o por mi ask si queréis hacerlo en anónimo, vuelvo a insistir que es realmente importante para mi saber que os ha parecido la fanfiction, pues como algunos ya sabrán, quiero que mi próxima novela Forbidden (Harry Styles) sea mejor que esta y así podré tener una referencia con vuestros comentarios.
Gracias, de nuevo, a todos y cada uno que leyeron Hear Me.
Atte: @backforbritish.
domingo, 1 de septiembre de 2013
Forbidden - Harry Styles Fanfiction.
Forbidden
~ Epílogo ~
Estaba prohibido para mi, él así lo decía, pero en sus ojos verdes esmeralda podía vislumbrar una tentación oculta. ¿Qué pasará cuando la tentación de probar el cuerpo del otro llegue a su límite extremo? ¿Y si la tentación se convierte en algo más? ¿Y si yo quería adentrarme en su juego por él? Es algo de lo que estoy dispuesta a probar, por mucho daño que nos hagamos, sé que merecerá la pena ya que él ha llegado a mi vida para cambiarla por siempre, al igual que yo voy a cambiar la suya.
- No lo hagas Sam, aléjate de mi - Harry susurró tan cerca de mis labios como pudo.
- ¿Por qué me lo prohíbes?
- Es peligroso.
- ¿Y si yo quiero hacerlo? ¿Y si yo quiero estar junto a ti? - Alcé mis manos hacia su pecho y las retuve entre su camisa en un desesperado agarre por mantenerlo a mi lado.
Dicen que cuanto más prohíbes algo, la tentación de probarlo, llega límites extremos.
Forbidden
Para una gran amiga, gracias por todo María.
Forbidden
Hear Me - Capítulo 41
Estaba sentado en tu cama, observando como hacías una pequeña maleta con cosas básicas para llevarla contigo al hospital. El día de la operación se acerca y con él un intensa sensación de angustia, de preocupación y de nervios. No dejabas de pensar en que si algo salía mal en la operación podías quedar totalmente sorda y esto era algo que llevaba atormentádote durante mucho tiempo atrás.
Sentiste como unas manos se posaron en tu cadera inmovilizándote. Bajaste tus manos hacia las que estaban apoyadas en tu cintura y entrecruzaste los dedos, suspirado... quizás de alivio al sentirle tan cerca de ti. Tu cabeza se inclinó hacia atrás, posándose en el hueco de su cuello mientras que él expandía sus manos por tu vientre y te abrazaba con fuerza.
Tu: Estoy muy nerviosa, Niall - Mascullaste.
Niall: Lo sé - Bajó su cabeza hacia tu hombro y lo besó.
Tu: ¿Todo saldrá bien?
Él siguió con su rastro de besos húmedos hacia tu cuello, provocándote un intenso escalofrío de placer.
Niall: Estoy seguro pequeña.
Agarraste sus manos con más fuerza, sintiéndote segura bajo su abrazo. Con él no había nada de que temer, lo sabías. Te diste la vuelta y posaste tus manos al rededor de su cuello mientras que él te abrazaba por la cintura. El cuello de Niall era sin duda una de tus mayores debilidades a la hora de los besos.
Niall: No tienes que preocuparte.
Miraste sus ojos celestes intensos con el entrecejo fruncido. Claro que tenías que preocuparte y mucho.
Tu: ¿Estas de broma? - Lentamente desenlazaste tus dedos por detrás de su cuello y bajaste tus manos hacia su pecho -. Tengo que preocuparme, Niall, si me quedo sorda... - Niall te interrumpió besándote.
Niall: Sh... - Te volvió a besar -. No digas eso, no lo digas - Posó su frente en la tuya.
Tu: Esta bien... - Susurraste -. Pero bésame.
Sus labios se posaron en los tuyos, besándote sin apenas coger el tiempo suficiente para respirar. Sus labios y los tuyos chocaban frenéticamente, necesitando el contacto suave de los labios del otro. Lentamente ese dulce beso iba convirtiéndose en una caricia dura. Sus manos se deslizaban por tu espalda hasta llegar a tu trasero y lo apretó hacia él con sus manos, tus dedos enredándose en su pelo y tiraban con delicadeza de él provocándole gemidos roncos capturados en tus labios. Intentabas llevarle hacia tu cama, pero él a sabiendas de tus actos se negaba, reteniéndote entre sus brazos.
Tu: ¡Niall! - Decías intentando separarte de él.
Niall: No voy a hacer nada con tu padre abajo - Respiraba con dificultad.
Tus labios se abrieron para responderle, pero lo único que soltaste fue un suspiro de derrota. Dejaste un último beso en sus labios y le soltaste para seguir haciendo la maleta. Te agachaste para recoger las últimas prendas que habías dejado al lado de ella, las doblaste y las metiste con rapidez para cerrar la maleta lo más antes posible.
Niall: ¿Es tu madre? - Su voz casi fue difícil de apreciar.
Giraste tu cuerpo hacia él para descubrirlo con una foto entre sus manos. Parecía estar embobado mirándola.
Tu: Si, esa es.
Volvió su vista hacia hacia ti y te sonrió.
Niall: Se parecía mucho a ti.
Tu: Eso dicen - Suspiraste.
Te acercaste más para apreciar aquella foto. Se habría hecho cuando tu tenías cuatro o cinco años, tu madre estaba agachada a tu lado mientras que veía como le dabas de comer a las palomas blancas de un parque, las dos parecíais tan felices: la inocencia de una niña pequeña y el amor de su madre por ver a su hija feliz. Casi parecía una foto hecha de un sueño, casi parecía que no era real.
Tu: Lo más curioso es que ya no duele.
Él te miró con el entrecejo fruncido.
Tu: Cuando la miraba la foto y la recordaba... bueno, y-yo no podía retener las ganas de llorar, o de sentir angustia.
Niall: ¿Y por qué ya no duele?
Miraste la foto durante unos segundos para después levantar la vista hacia sus sublimes ojos celestes y perderte en ellos sin dejar de sonreír involuntariamente.
Sentiste como unas manos se posaron en tu cadera inmovilizándote. Bajaste tus manos hacia las que estaban apoyadas en tu cintura y entrecruzaste los dedos, suspirado... quizás de alivio al sentirle tan cerca de ti. Tu cabeza se inclinó hacia atrás, posándose en el hueco de su cuello mientras que él expandía sus manos por tu vientre y te abrazaba con fuerza.
Tu: Estoy muy nerviosa, Niall - Mascullaste.
Niall: Lo sé - Bajó su cabeza hacia tu hombro y lo besó.
Tu: ¿Todo saldrá bien?
Él siguió con su rastro de besos húmedos hacia tu cuello, provocándote un intenso escalofrío de placer.
Niall: Estoy seguro pequeña.
Agarraste sus manos con más fuerza, sintiéndote segura bajo su abrazo. Con él no había nada de que temer, lo sabías. Te diste la vuelta y posaste tus manos al rededor de su cuello mientras que él te abrazaba por la cintura. El cuello de Niall era sin duda una de tus mayores debilidades a la hora de los besos.
Niall: No tienes que preocuparte.
Miraste sus ojos celestes intensos con el entrecejo fruncido. Claro que tenías que preocuparte y mucho.
Tu: ¿Estas de broma? - Lentamente desenlazaste tus dedos por detrás de su cuello y bajaste tus manos hacia su pecho -. Tengo que preocuparme, Niall, si me quedo sorda... - Niall te interrumpió besándote.
Niall: Sh... - Te volvió a besar -. No digas eso, no lo digas - Posó su frente en la tuya.
Tu: Esta bien... - Susurraste -. Pero bésame.
Sus labios se posaron en los tuyos, besándote sin apenas coger el tiempo suficiente para respirar. Sus labios y los tuyos chocaban frenéticamente, necesitando el contacto suave de los labios del otro. Lentamente ese dulce beso iba convirtiéndose en una caricia dura. Sus manos se deslizaban por tu espalda hasta llegar a tu trasero y lo apretó hacia él con sus manos, tus dedos enredándose en su pelo y tiraban con delicadeza de él provocándole gemidos roncos capturados en tus labios. Intentabas llevarle hacia tu cama, pero él a sabiendas de tus actos se negaba, reteniéndote entre sus brazos.
Tu: ¡Niall! - Decías intentando separarte de él.
Niall: No voy a hacer nada con tu padre abajo - Respiraba con dificultad.
Tus labios se abrieron para responderle, pero lo único que soltaste fue un suspiro de derrota. Dejaste un último beso en sus labios y le soltaste para seguir haciendo la maleta. Te agachaste para recoger las últimas prendas que habías dejado al lado de ella, las doblaste y las metiste con rapidez para cerrar la maleta lo más antes posible.
Niall: ¿Es tu madre? - Su voz casi fue difícil de apreciar.
Giraste tu cuerpo hacia él para descubrirlo con una foto entre sus manos. Parecía estar embobado mirándola.
Tu: Si, esa es.
Volvió su vista hacia hacia ti y te sonrió.
Niall: Se parecía mucho a ti.
Tu: Eso dicen - Suspiraste.
Te acercaste más para apreciar aquella foto. Se habría hecho cuando tu tenías cuatro o cinco años, tu madre estaba agachada a tu lado mientras que veía como le dabas de comer a las palomas blancas de un parque, las dos parecíais tan felices: la inocencia de una niña pequeña y el amor de su madre por ver a su hija feliz. Casi parecía una foto hecha de un sueño, casi parecía que no era real.
Tu: Lo más curioso es que ya no duele.
Él te miró con el entrecejo fruncido.
Tu: Cuando la miraba la foto y la recordaba... bueno, y-yo no podía retener las ganas de llorar, o de sentir angustia.
Niall: ¿Y por qué ya no duele?
Miraste la foto durante unos segundos para después levantar la vista hacia sus sublimes ojos celestes y perderte en ellos sin dejar de sonreír involuntariamente.
***
- Días después -
Cerraste los ojos ya que aquella luz era totalmente cegadora. Te sentías tan mareada y cansada, pero a la vez tan bien. Intentaste volver a abrir los ojos en un difícil pestañeo. Todo estaba muy borroso, las luces centelleaban y se cruzaban delante de tus ojos como fantasmas, algunas siluetas negras te observaban sentados a los lados de la cama y una de ellas, la más próxima a ti, retenía tu mano derecha entre las suyas, acariciándola por la parte superior con su dedo pulgar. Por muy drogada que pudieras estar, pudiste reconocer el tacto de Niall, sus grandes manos motivándote a despertarte para que hablaras con ellos, pero era demasiado tarde para recuperar el conocimiento, la anestesia estaba haciendo el efecto deseado en un corto periodo de tiempo. Tus ojos volvieron a caer sumiéndote en oscuridad.
[Flashback]
- Inténtalo de nuevo - Me ordenó.
- No puedo - Me quejé tirando las zapatillas hacia un lado del salón.
- Inténtalo, que no salga a la primera no significa que no puedas - Volvió a insistir.
Respiré profundamente volviéndome hacia ella. Quizás para mi madre podía resultar muy fácil ya que ella llevaba mucho tiempo dedicándose al baile, pero para mi no, esto es completamente nuevo, totalmente nuevo y frustrante, y sé que yo no valgo para esto. Volví a mi posición en la sala, mirando mis ojos en el reflejo del gran espejo que tenía justo delante de mi.
- Hazlo - Siguió ordenándome.
Lo intenté por cuarta vez, pero parecía que mi equilibrio no estaba dispuesto a colaborar conmigo. Caía al duro suelo cada dos por tres. Ella no dejaba de repetirme «Hazlo, inténtalo de nuevo, otra vez» Le daba igual que mis pies estuvieran a punto de sangrar, le daba igual que yo no pudiera más.
- ¡No puedo! - Grité apoyándome en la barandilla del espejo.
Se acercó a mi, sabía que no se había dado por vencida, quería más, pero yo no podía.
- ¿Por qué no puedes? - Preguntó.
Me dejó algo confusa con su pregunta. No sabía que contestar.
- ¿No puedes porque no quieres?
- Si quiero - Protesté.
- ¿Entonces?
- ¿Y si no me sale por mucho que lo intente? ¿Y si nunca llego a ser como... Como tú? - No era capaz de mirar a mi madre a los ojos.
Se alejó de mi lado lentamente.
- ¿Tienes miedo?
- Mucho - Afirmé.
- Las cosas no siempre salen como uno quiere, pero hay que arriesgarse - Se detuvo en el centro del salón.
- ¿Y si al final no lo consigo?
No obtuve una respuesta de inmediato. Observé como hacía perfectamente la coreografía que minutos antes había intentado hacer yo. La facilidad de mi madre al bailar parecía que resultase infinitamente más fácil de lo que realmente era. E hizo perfectamente la coreografía.
- ¿Y si al final no lo consigues? - Se paró a pensar -. Aunque todo salga mal, siempre habrá alguien al lado para levantarte.
Su respuesta me dio la fuerza y la esperanza que necesitaba. ''Siempre habrá alguien al lado para levantarte'' y en este momento, quien me ha levantado, ha sido ella.
[Fin del Flashback]
Silencio... ni una mísera nota eras capaz de percibir.
Tus ojos se hallaban cerrados, quizás tenías miedo de abrirlos y ver como la gente movía sus labios, - como tu padre movía los labios mientras lloraba y asumías que ella jamás regresaría a tu lado -, y no eras capaz de oír nada. Volverías a patalear en la cama, a chillar sin enterarte de nada, volverías a sentir ganas de acabar con todo de una maldita vez, los médicos volverían a drogarte y tu volverías a caer en un sueño profundo. Sentías tu corazón bombardeando en tu pecho frenéticamente, dándote pequeños calambres ¿Angustia, nervios, miedo? Tres sensaciones que por mucho que deseabas evadirte de ellas no se iban. Tus ganas de abrir los ojos, iban aumentando, para comprobar si realmente sería como tu lo habías imaginado, pero tenías miedo, mucho miedo.
Niall: If I'm a louder... - Notaste un gran calambre en el pecho. Tus ojos y tu boca se abrieron de golpe, su voz... - Would you see me?
Tus ojos se inundaron de lágrimas al instante, tu respiración era demasiado irregular y tu corazón iba a estallarte de un momento a otro. Le estabas escuchando... le estabas oyendo a la perfección.
Niall: Would you lay down... - Parecía que estaba a punto de llorar -. In my arms and rescue me? - Su voz penetraba por tus oídos, provocandote un inmenso escalofrío por todos los lugares de tu piel.
Giraste la cabeza hacia tu chico, solo estaba él en la habitación del hospital, tan solo él.
Niall: Cause we are the same... - Apretaste su mano sin dejar de llorar, mirándole -. You saved me - Susurró.
[POR FAVOR, COMENTAD QUE OS HA PARECIDO EL CAPÍTULO AQUÍ O EN @BACKFORBRITISH ES MUY IMPORTANTE. GRACIAS POR LEERLO]
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